- Cristóbal Colón viajó a América en 1492, 1493, 1498 y 1502.
- En 1519 se inicia la conquista de México y termina en 1521 con la toma de Tenochtitlan.
- La aparición de la Virgen María en el Ayate de Juan Diego fue el 12 de diciembre de 1531. (hace casi 500 años).
- La Independencia de México inicia el 16 de septiembre de 1810.
Homilía:
¿Por qué nos hemos congregado hoy? ¿de donde surgió la idea de acompañar María en su advocación
de Guadalupe?, porque todo el pueblo Mexicano el día de hoy ha salido a visitar a María con su traje de fiesta mexicano. Pero esta idea de acompañarla no surgió de la nada: Si el día de hoy hemos decidido acompañarla es porque ella, fue la primera que decidió
acompañarnos a nosotros pero... ¿que significa acompañar?
No es únicamente ir con alguien por el
camino, no es únicamente compañía física del otro, ES
involucrarnos con la persona con quien vamos. ¡Y DE QUE MANERA la
Virgen María se involucro con nosotros!.
Porque ella vino en un momento en el
que nuestras tierras de México (aunque no estábamos constituidos
como país, aún) pasaban un mal momento: los conquistadores habían
llegado, y el encuentro de los hombres del nuevo mundo con los
indígenas que aquí habitaban no fue del todo amistoso... había
guerras, muertes, hambre, desesperación y ahí en medio de un mundo
caótico en medio de un mundo que parecía derrumbarse, en ese momento,
María decidió comenzar a acompañarnos, de tal manera que adoptó
nuestras facciones, adoptó nuestra desesperanza, adoptó nuestro
sentir, adoptó nuestros miedos, tomó todo aquello y lo transformó
en esperanza, lo transformó en una oportunidad de crear una gran
nación, nos ofreció la oportunidad de vernos como hermanos a pesar
de nuestras diferencias, nos dio la certeza de que podemos crear un
nuevo mundo (los indígenas al ver a María en el ayate de Juan Diego supieron que algo grande iba a suceder, algo sin precedentes... los españoles al ver a María en ayate de Juan Diego, supieron que ella los invitaba a un cambio)… y a partir de ese momento junto con ella comenzamos a
construir una gran nación.
Y cada año, recordamos este
acontecimiento porque cada año, -y no solo cada año sino- cada mes
¡cada día! la Virgen María de Guadalupe nos recuerda que
precisamente cuando nuestro mundo parece derrumbarse, ella esta con
nosotros. Cada vez que no encontramos sentido a nuestras vidas, ella
esta con nosotros, cada vez que los problemas la incertidumbre se
apodera de nuestros sentimientos y de nuestros pensamientos, ella
esta con nosotros. Cada vez que nuestra vida se torna obscura ella
aparece para recordarnos que nos estamos solos.
Por eso si te sientes perdido, o ha
habido ocasiones que así te has sentido, si crees que estas pasando
por un momento difícil, si sientes que no hay salida de donde te
encuentras, si lo que quieres es olvidarte de todo, date un tiempo
porque Ella, como madre que es, el día de Hoy te mira con ternura,
pronuncia tu nombre, y a través de esa mirada cargara de
misericordia hace suyas todas tus preocupaciones, todas tus
inseguridades, todos tus miedos y con ese amor incondicional que te
tiene te dice:
“No estoy yo aquí, que soy tu madre”
Porque eso es precisamente lo que hace
el corazón de una madre, da esperanza a sus hijos, esta con ellos en
los momentos difíciles, les hace ver con su amor que aunque a veces
todo parece estar en nuestra contra, hay una luz que brilla y que nos
promete un futuro positivo. Y así es como una mamá acompaña a sus
hijos... no resuelve, ni les da todas las respuestas, esta presente
con amor, y esa compañía y ese amor a veces silencioso, es lo que
como hijos necesitamos para no dejarnos vencer.
Hoy nos reunimos para acompañar a la
Virgen María de Guadalupe... pero nos damos cuenta
que es precisamente al revés, que es Ella que con amor de Madre día
con día nos acompaña, es ella la que va cuidando nuestro pasos, es
ella la que vela, la que nos consuela y la que a veces
silenciosamente, a veces de una manera muy evidente, te recuerda que
no estas solo.
Es un momento muy especial para
agradecerle, para ponernos ponernos frente a ella, y sentirnos
afortunados de que Cristo nos la dejó como madre y de que ella nos
ha elegido de una manera muy especial. Atrevámonos a amar a María
de Guadalupe, pero sobre todas las cosas dejémonos amar por ella,
confiemos en su presencia amorosa, confiemos en sus cuidados
maternales, confiemos como hijos que somos. Dejemos que sus palabras
nos consuelen, dejemos que su voz nos guíe, dejemos que su amor nos
sane y transforme nuestro corazón por que el día de hoy es ella quien te acompaña y te repite como lo hizo hace más de 400 años...
“No tengas miedo... no estoy yo aquí
que soy tu Madre”.
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