Cualquiera que se prepara para algo importante, tiene que cuidar muchos aspectos de su vida. Es interesante ver como el evangelista se preocupa de compartir la forma en que Juan vestía y se alimentaba. No se conformó con decirnos que predicaba el arrepentimiento, sino que es importante lo que rodea a la predicación. Porque en conjunto es lo que le da fuerza al mensaje.
Una persona que fuma y que no hace ejercicio, te dice: "No fumes, ponte mejor a hacer deporte", ¿su mensaje es bueno? Si, ¿tendríamos que escucharlo? definitivamente sí, pero si ese hombre fuera alguien que no fumara, y que fuera deportista, su mensaje tendría más impacto en nosotros.
De la mima manera, nosotros, que estamos en un tiempo de preparación para recibir a Jesús, tenemos que cuidar no solo nuestra parte espiritual, sino también nuestro cuerpo y nuestra mente. Para que al momento de compartir a Dios, no solo se escuchen palabras, sino que todo nuestro ser refleje el mensaje.
Así como Juan vestía con piel de camello, se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Así también nosotros debemos preguntarnos como vestimos nuestro ser. Cómo alimentamos nuestra mente. Que clase de preparación estamos teniendo para que nuestro mensaje tenga fuerza.
Mucho nos quejamos en las redes sociales de las injusticias, de los males de este mundo. Sin embargo muchas de las veces nos vemos como aquel hombre fumador que quiere dar un consejo de no fumar. Nuestras palabras sirven, pero nuestro ejemplo, arrasaría.
En Adviento, nos preparamos para recibir a Jesús, pero ¿estamos teniendo una verdadera preparación, espiritual, emocional, intelectual, física?. Esto aplica no solo en el ámbito religioso, sino en cualquier proyecto que deseemos realizar. Debemos tener una preparación completa, porque dice Jesús, "No se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham", no nos hagamos ilusiones de que por hacer un par de cosas estamos dando lo mejor: por ejemplo: El oficiar la Misa, el Confesar cuando me lo piden, el ir a bendecir las casas de quien lo necesita, no me hace estar preparado para ser Sacerdote; el que le compres cosas a tus hijos, el que no les haga falta comida, techo, estudio, no te hace estar preparado para ser padre o buena madre; El que hagas la comida y planches la ropa no te hace estar preparada para ser esposa, el que trabajes y lleves dinero a la casa, no te estar preparado para ser un buen esposo; El que te saques buenas calificaciones en la escuela, y arregles tu cuarto, no te hace estar preparado para ser un buen hijo.
Para cada uno de nosotros, el estar preparados, tiene que ir más allá. No podemos excusarnos de que tenemos por padre a Abraham y por eso me voy a salvar, no puedo excusarme de que hago lo "que tengo que hacer" y que por eso soy un buen sacerdote, esposo, esposa, hijo o padre.
El Señor me invita a tener una verdadera preparación para poder ser un verdadero Sacerdote, Padre de familia o hijo, que no se conforme con hacer lo "que tengo que hacer"; Sino que como nos invita San Pablo, debemos, aprender a vivir en perfecta armonía los unos a los otros. Jesús me invita a no solo decirle Señor, Señor, sino a ser un verdadero cristiano. El estar preparado para recibir a Jesús, o para desempeñar mi vocación, es aprender a vivir en el amor, es poder convivir sanamente con quien me rodea, es aprender a ver las cosas de otro punto de vista, es abrir mi corazón a Dios para poder vivir algún día en la realidad que nos presenta el profeta Isaias... abramos paso, pues a Jesús y digámosle como en el Salmo responsorial: "Ven rey de justicia y de paz".
0 comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por compartir con nosotros tus propias inspiraciones.