viernes, 7 de febrero de 2020

V Ordinario A .:: SOMOS HERMANOS ::.

Somos Hermanos.


V Ordinario "A"

Is. 58, 7-10         Sal 111           1 Cor. 2, 1-5          Mt. 5, 13-16

"Ustedes son sal de la tierra", Es cierto, SOY sal de la tierra, soy yo quien le da sabor a la vida, soy yo quien sazona la existencia. En mi está la posibilidad de disfrutar o de amargarme la vida... Pero, prestando atención, el Señor no dijo: "TÚ eres sal de la tierra" dijo: "USTEDES"... eso quiere decir que también mi hermano sazona esta existencia, también el prójimo le da sabor a la vida, el otro también es quien le devuelve lo sabroso a esta realidad.

Y sin embargo, pareciera que nos hemos perdido, porque dice el Señor que cuando la sal vuelve insípida se tira para que se pise. Y al echar un vistazo a la realidad nos damos cuenta de que eso hacemos los unos con los otros, nos pisamos. Pisoteamos a los demás, pisoteamos su orgullo, su dignidad, su ser hijos de un mismo Padre. Y no es que el otro haya perdido el sabor, sino que pocas veces nos damos la oportunidad de "probar el sabor" del hermano, del otro.

Esa es la preocupación del profeta Isaías -en la primera lectura- por eso nos invita a "no dar la espalda a nuestro propio hermano" y  a "desterrar todo gesto amenazador y palabra ofensiva"  

Ciertamente el profeta nos advierte y nos invita a voltear a ver al pobre sin techo, al desnudo, a verlo como nuestro semejante y nuestro hermano. Pero lamentablemente, hemos abierto la brecha y pareciera que en nuestros días nadie merece ser 'nuestro prójimo' nos hemos encargado de que nadie pueda darle sabor a esta existencia, porque estamos prácticamente en contra de todos.

Denigramos a las personas de raza distinta, denigramos a los sudamericanos, a los extranjeros, ¡incluso a los mismos que viven en nuestro país, a los tarahumaras, y miembros de las distintas etnias!
Le damos la espalda a los que piensan diferente a nosotros, criticamos a nuestros hermanos de otra religión o creencia, incluyendo a los que no profesan ningún credo. Los criticamos y en muchos casos hasta los insultamos.

Generamos odio y rencores por causa de los partidos políticos con los que simpatizamos.

Se han formado enfrentamientos violentos, a causa de la diferencia de equipos deportivos a los que apoyamos.

Nos hemos encargado de ir formando divisiones infranqueables.

No se trata de que no haya diferencias, las hay y siempre las habrá. Somos muchas naciones, somos muchas razas, hay muchas religiones, muchos partidos políticos, muchos equipos deportivos, siempre hay diversidad, y obviamente cada quien va a querer defender lo "suyo" y también esta bien. Sin embargo al igual que San Pablo hay que tratar de "convencer por medio del Espíritu y del poder de Dios", es decir siempre en oración. Pero si no lo aprendemos a hacer desde lo pequeño, no lo vamos a poder hacer a gran escala.

Por eso desde nuestras familias tenemos que su a escuchar, a dialogar, a proponer. Los grandes problemas surgen, porque desde chicos no aprendimos a abrirnos al diálogo. Si nosotros hoy desde nuestras familias aprendemos a descubrir nuestras diferencias y a construir con ellas, entonces estaremos capacitados para construir una gran sociedad, una gran civilización aún con nuestras diferencias.

Seamos pues, justos, para brillar como una luz en medio de las tinieblas.

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