AMEN.
VII Ordinario "A"
Lv. 19, 1-2.17-18 Sal 102 1 Cor. 3, 16-23 Mt. 5, 38-48
En el centro del Evangelio el Señor nos dice "Amén a sus enemigos", son palabras que de lejos se oyen muy bonitas -tienen buen lejos- pero en la medida en que esas palabras se van acercando a nuestra vida van perdiendo su belleza. Incluso comienzan a tornarse agrias, pesadas y bastante desagradables.
Es mejor que los otros aprendan a amar, a respetar, a ser pacientes... Eso sí lo puedo pedir ¡Hasta exigir! Que los demás amen. Pero que a nadie se le ocurra pedirme que ame a quien me traicionó, que no me pidan amar a quien me quitó la paz, que nadie me invite a amar a quien me despojó de mis bienes materiales. Eso sí que no puedo aceptarlo.
¿Cómo voy a amar a quien ME hace el mal?. Eso que nos pide Jesús suena ilógico, eso es para Tontos. "No me digas que perdonaste" "Por que saludas a ese que ha dicho tanto de ti" "¿Por que abrazas a ese?"... , que tonto eres.
¡Que tonto fue Jesús! Porque fue Él quién amó a sus enemigos estando en la cruz cuando dijo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
Entonces ¿Por qué Jesús tuvo la capacidad de amar de esa forma a los demás? Dice el libro del Levítico en la primera lectura "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Si Jesús tuvo la capacidad de amar a lo otros, de amar a sus enemigos, es porque se amaba a si mismo.
Si a nosotros se nos dificulta amar a los demás es porque no nos amamos lo suficiente a nosotros mismos.
¡¡¿Cómo no me voy a amar?!! -podría objetar alguien- En realidad no nos amamos tanto como creemos. Amarnos no es solo decir que soy bueno en algo o andar presumiendo a los demás lo que hacemos o creernos que somos muy fregones.
Cuando Amamos, cuidamos al ser amado, lo respetamos, lo embellecemos ... ¿Así nos tratamos a nosotros mismos? ¿Así tratamos al templo del Espíritu Santo? La segunda lectura nos recuerda que somos templo del Espíritu Santo.
Hemos reducido el cuidado del templo del Espíritu Santo solo a 'no ponernos tatuajes' y creemos que es suficiente PERO el templo no es solo la piel... ¿Cómo embellecemos nuestra mente? ¿Cómo cuidamos nuestra alimentación? ¿Cómo trabajamos nuestros sentimientos? Todo esto también es parte importantísima del templo que ha sido puesto a nuestro cargo.
En la medida que cuidamos nuestro templo, nuestra vida, nos desmostamos nuestro amor, y si somos capaces de amarnos, de cuidarnos seremos capaces de amar a los demás.
Amémonos verdaderamente para amar a los demás. Amemos verdaderamente a los demás para amarnos a nosotros mismos.
Es mejor que los otros aprendan a amar, a respetar, a ser pacientes... Eso sí lo puedo pedir ¡Hasta exigir! Que los demás amen. Pero que a nadie se le ocurra pedirme que ame a quien me traicionó, que no me pidan amar a quien me quitó la paz, que nadie me invite a amar a quien me despojó de mis bienes materiales. Eso sí que no puedo aceptarlo.
¿Cómo voy a amar a quien ME hace el mal?. Eso que nos pide Jesús suena ilógico, eso es para Tontos. "No me digas que perdonaste" "Por que saludas a ese que ha dicho tanto de ti" "¿Por que abrazas a ese?"... , que tonto eres.
¡Que tonto fue Jesús! Porque fue Él quién amó a sus enemigos estando en la cruz cuando dijo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
Entonces ¿Por qué Jesús tuvo la capacidad de amar de esa forma a los demás? Dice el libro del Levítico en la primera lectura "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Si Jesús tuvo la capacidad de amar a lo otros, de amar a sus enemigos, es porque se amaba a si mismo.
Si a nosotros se nos dificulta amar a los demás es porque no nos amamos lo suficiente a nosotros mismos.
¡¡¿Cómo no me voy a amar?!! -podría objetar alguien- En realidad no nos amamos tanto como creemos. Amarnos no es solo decir que soy bueno en algo o andar presumiendo a los demás lo que hacemos o creernos que somos muy fregones.
Cuando Amamos, cuidamos al ser amado, lo respetamos, lo embellecemos ... ¿Así nos tratamos a nosotros mismos? ¿Así tratamos al templo del Espíritu Santo? La segunda lectura nos recuerda que somos templo del Espíritu Santo.
Hemos reducido el cuidado del templo del Espíritu Santo solo a 'no ponernos tatuajes' y creemos que es suficiente PERO el templo no es solo la piel... ¿Cómo embellecemos nuestra mente? ¿Cómo cuidamos nuestra alimentación? ¿Cómo trabajamos nuestros sentimientos? Todo esto también es parte importantísima del templo que ha sido puesto a nuestro cargo.
En la medida que cuidamos nuestro templo, nuestra vida, nos desmostamos nuestro amor, y si somos capaces de amarnos, de cuidarnos seremos capaces de amar a los demás.
Amémonos verdaderamente para amar a los demás. Amemos verdaderamente a los demás para amarnos a nosotros mismos.
Alberto, pbro.
0 comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por compartir con nosotros tus propias inspiraciones.