NUNCA ES TARDE.
MIÉRCOLES DE CENIZA 2020
Joel. 2, 12-18 Sal 50 2 Cor. 5, 20-6,2 Mt. 6, 1-6. 16-18
"Yo ya no tengo remedio", "Ya es muy tarde para mí", "Chango viejo no aprende maromas nuevas"... ¡Que terrible! nosotros mismos nos vamos limitando en en esta vida. Pero el Señor a través del profeta Joel, nos grita: "Todavía es tiempo", ¡Nunca es tarde! Nunca es tarde para cambiar, nunca es tarde para perdonar, nunca es tarde para amar, nunca es tarde para disfrutar la vida, nunca es tarde para darle un giro de 180° a nuestra existencia, nunca es tarde para seguir a Dios.
Nunca es tarde porque en el corazón del ser humano siempre está ese deseo de ser distinto, siempre -aunque sea muy en el fondo- está latiendo nuestro corazón que nos impulsa a buscar siempre lo mejor en nuestras vidas. ¡¿Quien no quisiera ser mejor?!, yo creo que todos tenemos ese deseo de transformar nuestras vidas para bien.
Vamos a sacudirnos, entonces, de nuestra cabeza aquellos pensamientos de "ya es demasiado tarde" porque el apóstol San Pablo nos dice: "Ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de la salvación" Hoy es el día en que nuestra vida puede empezar a ser distinta... pero OJO... no dije que a partir de hoy o mañana va a ser totalmente diferente, dije: "Va a EMPEZAR a ser distinta" porque no es algo mágico, el cambio de vida es un proceso, un caminar, un peregrinar. Y precisamente por eso el día de hoy como Iglesia, comenzamos un peregrinar hacia nuestro interior, un tiempo de 40 días que nos ofrece nuestro Dios para transformar nuestra vida.
Sin duda tenemos un Dios misericordioso, pero esa misericordia no significa que nos de las cosas gratis, sino que nos impulsa a descubrir la fuerza interior que tenemos para que junto con Él vayamos transformando nuestra vida en aquello que siempre hemos deseado.
Y el Evangelio nos presenta tres caminos para ir generando esa transformación, ayuno, oración y limosna. Son los cinceles con los que le vamos a ir dando forma a nuestra nueva vida.
El ayuno nos hará darnos cuentas que no todo lo que es bueno, siempre es necesario, y que en muchas ocasiones vale la pena soltar algo bueno para conseguir con paciencia algo mejor. El ayuno nos ayuda a tener las manos vacías para poder tomar aquello que el Señor nos manda.
La oración es el momento de encuentro con Dios, pero también es el encuentro con nosotros mismos, porque al momento de estar orando tomamos una perspectiva diferente de nuestra vida y nos facilita el poder tomar decisiones más prudentes que nos llevan a ir mejorando nuestra vida.
La limosna, que no es solo dar dinero, sino nuestro tiempo, nuestro consejo, nuestro cariño y afecto, nos lleva a darnos cuenta que cuando damos es cuando más recibimos. La cuaresma es un tiempo propicio para darnos la oportunidad de dar, y descubrir, en el desprendimiento, que ahí se esconde un gozo muy especial.
Así, pues, este tiempo que nos ofrece el Señor es un tiempo austero, que nos da la oportunidad de adentrarnos mejor en nuestra mente y en nuestro corazón. No tengamos miedo de dejar en estos 40 días nuestras diversiones habituales, no tengamos miedo a un verdadero cambio de vida.
Le hemos pedido al Señor en el salmo que se apiade de nosotros que nos lave y que nos purifique... Que nosotros también seamos capaces de apiadarnos, lavarnos y purificarnos a nosotros mismos.
Alberto, pbro.
0 comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por compartir con nosotros tus propias inspiraciones.