LÍMITES.
VI Ordinario "A"
Si. 15, 16-21 Sal 118,1-2.4-5.17-18.33-34 1 Cor. 2, 6-10 Mt. 5, 17-37
Jesús usa la palabra "Plenitud" en el Evangelio de hoy. Una palabra que últimamente nos han querido vender mucho. Los que venden productos de salud, nos invitan a sentir en plenitud la salud; los que pretenden vendernos un buen plan para el retiro nos aseguran vivir nuestra vejez en plenitud. Esta palabra poco a poco se ha ido convirtiendo en un sinónimo de TODO. Si quiero vivir en plenitud, entonces tendré que vivir todas las experiencias o las más posibles. Si quiero la salud en plenitud, entonces me niego a cualquier tipo de enfermedad por mínima que sea.
La palabra "plenitud" viene de la palabra latina plena -i -us que significa: lleno. Y lleno, nos habla indirectamente de LIMITES, veamos por qué. Si hay una jarra de tres litros con agua, y yo llego con un vaso, y lo lleno, quiere decir que voy a verter agua hasta el límite del vaso. La Jarra tiene más agua de la que puede contener mi vaso, pero mi vaso tiene cierta capacidad, es decir, tiene un limite.
Entonces cuando Jesús nos dice que no ha venido a abolir la ley sino a darle plenitud, entonces nos esta diciendo que viene a recordarnos cuales son los límites que no debemos trasgredir.
La ley de tránsito tiene limites, no puedo ir en la carretera a más de 100 Km/h. Vivir plenamente la conducción no es ir a todo lo que da el carro, sino respetando el limite para evitar accidentes. La plenitud, me lleva a respetar.
Así pues Jesús nos invita a respetar la ley y a aprender a vivirla, porque dondequiera que estemos habrá límites, habrá reglas y leyes. En un matrimonios hay límites, en un trabajo hay reglas, en la sociedad tenemos leyes, en la escuela tenemos un reglamento, en la Iglesia tenemos normas, en la naturaleza misma hay leyes, las ciencias tienen sus leyes.
El Señor nos invita a darnos cuenta que vivir en plenitud es aprender a respetar los límites que tenemos. Sin embargo nos hace ver nuestra gran responsabilidad porque en la primer lectura nos recuerda que el ha puesto frente a nosotros "el agua y el fuego, la vida y la muerte", es decir, que al final de cuentas somos nosotros los que decidimos que hacer.
Esto nos lleva a darnos cuenta de que estamos en la situación actual por las decisiones que hemos hecho a lo largo de la vida. Si queremos ser capaces de tomar decisiones que nos hagan crecer, que nos hagan vivir en un lugar mejor, entonces tendremos que aprender a conocer los límites que tenemos para vivir, como nos invita el Señor Jesús, en plenitud.
Jesús usa la palabra "Plenitud" en el Evangelio de hoy. Una palabra que últimamente nos han querido vender mucho. Los que venden productos de salud, nos invitan a sentir en plenitud la salud; los que pretenden vendernos un buen plan para el retiro nos aseguran vivir nuestra vejez en plenitud. Esta palabra poco a poco se ha ido convirtiendo en un sinónimo de TODO. Si quiero vivir en plenitud, entonces tendré que vivir todas las experiencias o las más posibles. Si quiero la salud en plenitud, entonces me niego a cualquier tipo de enfermedad por mínima que sea.
La palabra "plenitud" viene de la palabra latina plena -i -us que significa: lleno. Y lleno, nos habla indirectamente de LIMITES, veamos por qué. Si hay una jarra de tres litros con agua, y yo llego con un vaso, y lo lleno, quiere decir que voy a verter agua hasta el límite del vaso. La Jarra tiene más agua de la que puede contener mi vaso, pero mi vaso tiene cierta capacidad, es decir, tiene un limite.
Entonces cuando Jesús nos dice que no ha venido a abolir la ley sino a darle plenitud, entonces nos esta diciendo que viene a recordarnos cuales son los límites que no debemos trasgredir.
La ley de tránsito tiene limites, no puedo ir en la carretera a más de 100 Km/h. Vivir plenamente la conducción no es ir a todo lo que da el carro, sino respetando el limite para evitar accidentes. La plenitud, me lleva a respetar.
Así pues Jesús nos invita a respetar la ley y a aprender a vivirla, porque dondequiera que estemos habrá límites, habrá reglas y leyes. En un matrimonios hay límites, en un trabajo hay reglas, en la sociedad tenemos leyes, en la escuela tenemos un reglamento, en la Iglesia tenemos normas, en la naturaleza misma hay leyes, las ciencias tienen sus leyes.
El Señor nos invita a darnos cuenta que vivir en plenitud es aprender a respetar los límites que tenemos. Sin embargo nos hace ver nuestra gran responsabilidad porque en la primer lectura nos recuerda que el ha puesto frente a nosotros "el agua y el fuego, la vida y la muerte", es decir, que al final de cuentas somos nosotros los que decidimos que hacer.
Esto nos lleva a darnos cuenta de que estamos en la situación actual por las decisiones que hemos hecho a lo largo de la vida. Si queremos ser capaces de tomar decisiones que nos hagan crecer, que nos hagan vivir en un lugar mejor, entonces tendremos que aprender a conocer los límites que tenemos para vivir, como nos invita el Señor Jesús, en plenitud.
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