"Yo no creo en la Iglesia" "Yo no creo en Dios" "Yo no creo que Jesús haya existido"... cuando escuchamos estas afirmaciones, sobre todo de parte de nuestros jóvenes, nos escandalizamos, nos enojamos y a veces hasta los regañamos, pero el día de hoy se nos presenta la figura de Juan el bautista que dedicó parte de su vida a predicar a Jesús, a prepararle el camino y sin embargo duda.
Juan mandó a preguntar: "¿Eres tu el que ha de venir o es otro?", hay duda en Juan, a primera vista no fue capaz de reconocer a Jesús. Si Juan dudó, ¿por que no damos la oportunidad a los demás de que duden?; Si a Juan le constó reconocer a Jesús ¿Por que enojarnos con aquellos que les cuesta reconocer a Jesús en sus vidas?
La duda, el tener la vista la mente y el corazón nublado por las voces del mundo, es algo muy común y normal. No habría razón de escandalizarnos por eso, pero Sí podemos aprender de Juan el Bautista.
Juan tenía duda, pero no se quedó ahí, sino que fue, preguntó (mando preguntar), es decir, no se envolvió en su duda sino que se puso a investigar... Y algo más interesante es la respuesta que dio Jesús. Porque a la pregunta que hace Juan ¿Eres tu el que ha de venir o hemos de esperar a otro? Jesús no responde de una manera clara y directa: "Si soy yo" o "no, tienen que esperar a alguien más" Da una respuesta que nos invita a analizar, a discernir los acontecimientos que rodean a Juan: los ojos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios.
Muchas de las veces Jesús responde de esa misma manera, de una manera indirecta, es decir, nos invita a investigar, a pensar, a discernir para encontrar una respuesta. Cada vez que nosotros nos acercamos al Sagrario para pedirle a Jesús que nos ayude con alguna situación que estamos viviendo, o cuando le pedimos que nos muestre el camino que hemos de seguir, esperamos una respuesta directa, pero a lo que nos invita el Señor es a aprender a observar nuestra vida, a escuchar a los acontecimientos que nos rodean, para ir descubriendo en el caminar, la respuesta.
Esperamos muchas veces estar seguros de algo, para lanzarnos a hacerlo. "Es que quiero estar 100% que es la mujer de mi vida; Quiero estar 100% seguro que quiero ser sacerdote; Quiero estar 100% seguro que quiero estudiar tal cosa o quiero dedicarme a esto" Pero en realidad no estamos siempre 100% seguros, en cualquier momento nos asalta la duda, la inseguridad, en cualquier momento se nos nubla la vista como le pasó a Juan.
Sin embargo, el lanzarnos a vivir nuestro matrimonio, mi sacerdocio, mi carrera, me irá dando luz para seguir y encontrar en el caminar la respuesta que estoy esperando.
Y para eso, tenemos que estar preparados, por eso este tiempo de Adviento, para ir entrenando nuestra mente, nuestro corazón y nuestro cuerpo. Isaías nos dice en la primer lectura: "Fortalezcan las manos, afiancen las rodillas" el fortalecer y el afianzar, requiere un esfuerzo grande de nuestra parte, fortalecer nuestra mente mediante el estudio para afianzar nuestros conocimientos; fortalecer nuestro cuerpo mediante el ejercicio para afianzar, nuestra salud; fortalecer nuestro espíritu mediante la oración para afianzar nuestra paz. Y sobre todo tener paciencia, saber que no todo sucede de la noche a la mañana. Santiago nos dice en la segunda lectura "Sean pacientes", pero no una espera pasiva, sino una espera activa. No puedo esperar a que mi matrimonio se arregle, tengo que poner manos a la obra, cambiando mi forma de ser, sabiendo que tarde o temprano mi esfuerzo dará su fruto. Mi espera en Dios es una espera activa, que me lleva a tomar medidas en mi vida, sabiendo que el Señor actúa y que mi esfuerzo me lleva a transformar mi vida.
En esta tercera semana de Adviento, que nuestro compromiso sea que nuestras dudas nos lleven a crecer, a adentrarnos más profundamente en el conocimiento de Dios.
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