viernes, 7 de febrero de 2020

III Ordinario "A" El Señor es mi Luz

¿Puedo ser feliz si estoy siendo oprimido? ¿Puedo ser feliz si NO me siento libre y valorizado? La respuesta es NO. Y quizá por eso en nuestros tiempos se volvió una epidemia la depresión, porque la inmensa mayoría nos sentimos esclavizado y poco valorados.

Nos sentimos esclavizados por el trabajo, sentimos que el trabajo no nos deja tiempo para desfrutar la vida; Nos sentimos esclavizados ¡Por la Iglesia!, sentimos que no nos deja hacer lo que queremos y que siempre nos prohibe lo mejor de la vida; Nos sentimos esclavizados por la familia, sentimos que nuestra pareja nos oprime, el esposo se siente asfixiado por su esposa y la esposa se siente asfixiada por el esposo. Los padres se desesperan por los hijos, y los hijos sienten una carga en los padres; Nos sentimos esclavizados por la sociedad, sentimos que estamos siendo controlados por las élites del mundo y que nosotros somos solo borregos que tenemos que seguir las instrucciones de los poderosos.

Y todo esto en conjungo es lo que nos hace sentirnos desvalorizados. Ya que a donde volteamos pareciera que la vida nos grita "¡no puedes! ¡Por más que te esfuerces no vale la pena! ¡Todo está perdido y no puedes hacer NADA!"

Pues así exactamente se sentían los pueblos de Zabulón y Neftalí -escuchábamos en la primer lectura- que estaban siendo oprimidos por un poder extranjero, vivían abuso militar y explotación económica, eran tierras de grupos sociales olvidades, recordados sólo cuando servían a los intereses de los poderosos. Pisoteados -literalmente en muchas ocasiones- por las botas de los opresores, por los carros de guerra y los comerciantes, "vivían en tierra de sombras, caminaban en tinieblas"... como muchas veces nos sentimos también nosotros.

Y en medio de esta oscuridad, se le anuncia a esas tierras, ¡Y se nos anuncia hoy a nosotros!: "El pueblo que yacía en las tinieblas vio una gran luz". El Señor Jesús viene y se presenta como la Luz que ilumina nuestra vida, como la luz que aleja las tinieblas de nuestra realidad. Digamos pues con el corazón y no solo con nuestra boca, lo que respondíamos en el Salmo: "El Señor es mi luz, y mi salvación". ¡Y es verdad, hermanos! ¡Es verdad que Jesús es nuestra salvación! Jesús es aquel que renueva nuestra realidad.  ¡PERO!... no nos vayamos sin leer las letras chiquitas:

Ahí está Jesús, ¡Si!, ahí está su salvación, ¡Sí!, Ahí esta su poder, ¡Si!... Ahí, ¿dónde?... Escuchamos en el Evangelio, que Jesús iba recorriendo la ribera del mar de Galilela y que mientras caminaba por el la orilla del mar, por la playa, vio a hombres que trabajaban y les dijo: "Síganme y yo los haré pescadores de hombres".

Hay algo interesante en todo esto, ¿se dieron cuenta de donde eligió Jesús a sus discípulos? ¿De que región geográfica? El inicio del Evangelio nos cuenta que en el territorio de Zabulón y Neftalí.

Jesús elige a aquellos hombres, que van a llevar la luz y la fuerza de su mensaje, de la misma tierra que estaba en tinieblas. Muchas veces nosotros esperamos que alguien de fuera nos salve, que alguien nos traiga la luz, que alguien nos saque de esta realidad tan pesada, sin embargo Jesús nos hace ver que la salvación proviene del mismo lugar que se encuentra en peligro.

Y así como Jesús eligió a hombres de aquellas tierras para restaurarlas, así el día de hoy te elige a ti, para restaurar tu familia, tu sociedad, tu Iglesia.  El Señor te ha llamado a ser esa Luz que rescate a los demás "te hago pescador, rescatador de hombres" Y San Pablo, nos marca el camino que nos lleva a esa iluminación: "Vivamos en concordia, unidos unos con otros en un mismo sentir y en un mismo pensar".

Ahí esta mi libertad, cuando me abro a los demás, cuando me entrego a los otros, cuando me atrevo a amar, a entender, a rescatar, entonces dejo de sentirme esclavizado y es cuando el trabajo, la iglesia, la familia y la sociedad pasan de ser una pesada carga que esclaviza, a una herramienta que me lleva a vivir plenamente. Dejémonos Iluminar por Jesús, atrevámonos a seguir sus pasos, porque verdaderamente "El Señor es mi luz y mi salvación".




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