El noviazgo de José y María no fue para nada sencillo, sin embargo se querían, y ese sentimiento tan bonito que poco a poco fue naciendo en sus corazones los hacia unirse, comprenderse, entenderse. Juntos fueron superando las dificultades que la vida les iba poniendo. Y como en toda historia de enamorados, el amor terminó triunfando. Ambos pudieron estar juntos, a pesar de todo y todos. Y ese amor que se profesaban fue coronado con la noticia de que iban a ser padres y no de cualquier hijo, del Hijo de Dios. ¡Que alegría para ambos! Estaban viviendo un cuento de hadas: se tenían el uno al otro, se amaban, iban a ser padres y estaban dispuestos, los dos, a formar la mejor de las familias.
Desde que supieron que iban a ser padres, comenzaron a hacer planes, para los tres. La emoción que los embargaba los hacia soñar con el futuro, se imaginaban juntos, educando a Jesús, viendo sus primeros pasos, escuchando sus primeras palabras, creciendo y envejeciendo juntos; querían lo mejor para su hijo, para su familia. Querían que todo saliera perfecto desde el inicio, porque perfecta querían a su familia, porque perfecto era su hijo, ya desde el vientre.
Pero, ¡oh decepción!, como en toda buena historia, como en toda vida, siempre aparece lo que NO FUE planeado ni previsto. En los días que María iba a dar a luz, Cesar Augusto, ordenó un censo: PRIMER IMPREVISTO. José y María pedían que les diera tiempo de ir y volver, ya que estaba próxima a dar a luz; Estando en Belén buscaban donde alojarse, debían buscar donde pasar la noche, pero a causa del censo, mucha gente había llegado a esa pequeña ciudad y no había alojamiento. Si se hubieran apresurado en el camino quizá hubieran alcanzado algún cuartito, por lo menos. Pero José no podía exigirle a María, ya que en el estado en el que iba debían ir despacio, aun cuando ella iba montado en un burrito. Siguieron Buscando, nada: SEGUNDO IMPREVISTO.
Ha estas alturas el sentimiento de José y de María, empezaba a tornarse en desesperación. Y con la desesperación, siempre llega un poco de intolerancia a las personas, y a los acontecimientos. Sin embargo, ambos procuraron calmarse, y pensaron, "podríamos estar peor"... eso les calmo un poco, sin embargo, ¿cuánto más podrían cargar con ese sentimiento?
Mientras buscaban alojamiento María comienza a sentir molestias. Comienzan las contracciones. TERCER IMPREVISTO: María entra en labor de parto. José lo comprende en este momento, TIENE que encontrar un lugar YA. En ese momento se agolpan en su mente todo aquello que tenía planeado para recibir a su hijo, se había imaginado algo totalmente distinto. Creía que su hijo iba a llegar en su casa, con las mayores comodidades que pudiera tener María; había conseguido incluso a la mejor de las parteras para que ayudara a su esposa. Pesaba que la primer cuna en la que se recostaría su hijo sería una que él mismo había hecho con mucha ilusión y amor. Muchas veces se imaginó aquel momento... sin embargo la realidad le presentaba algo totalmente distinto.
Al no encontrar ningún lugar, las lagrimas comenzaban a deslizarse por las mejillas de José. Corría tocando puertas, buscando aunque sea un pequeño lugar, digno, para su esposa y su hijo. Recorrió todo el pueblo: nada. Nadie se compadeció de él, ni aún cuando les platicaba que su esposa estaba a punto de dar a luz.
Al final, a las afueras de aquel pueblo, vio un pequeño establo, en muy precarias condiciones, donde había un par de vacas lecheras. No tenía otra opción. Contemplo aquel lugar y en llanto dijo en su corazón "perdóname esposa mía, perdóname hijo mio". Corriendo y sin decir nada, tomó a María para dirigirla a aquel lugar.
José iba sumergido en sus pensamientos, hubiera deseado que su hijo, naciera en casa, sin embargo se encontraba a kilómetros de ahí; hubiera deseado tenerle las comodidades necesarias a su esposa, y lo único que había conseguido era un montón de paja junto a unos animales; hubiera deseado recostar a su hijo es su cuna, cuando lo único que tenia era un pesebre...
¡Cuánto nos parecemos a José y María! Porque nosotros también hacemos muchos planes y buscamos darle lo mejor a los nuestros. Pero la vida siempre nos trae sorpresas, nos trae imprevistos. Nos imaginamos la vida de una forma, y la misma vida se encarga de recordarnos que no siempre será así. La vida puede ser muy dura...
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