XXIX (DOMUND) Ordinario "C"
Jos. 5, 9. 10-12 Sal 33 2 Cor. 5, 17-21 Lc. 15, 1-3. 11-32
Muy probablemente la parte espiritual es algo que tengamos tan descuidado, a pesar de sentirnos y decirnos católicos, somos pobres espiritualmente. Recuperemos nuestra fuerza y nuestra razón de ser.
¿Espiritual?
¿Y si sí es cierto? ¿Si fuera verdad que existe una parte espiritual? ¿y si fuera verdad que esa parte espiritual puede ser "usada"? ¿no sería extraordinario el saber que hay una fuerza o un poder especial en mi?
Hay mucha gente que asegura que esta parte es real, muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia dicen haber tenido experiencias místicas, experiencias espirituales que prueban que esta parte espiritual es tan real como lo material. Hay muchos que han presenciado milagros, otros tantos a los que se les ha concedido uno. Hay gente que asegura tener comunicación con personas que han partido de este mundo y que estos los guían e interceden por las necesidades, hay quienes se saben guiados por seres espirituales. Y no, no me refiero a cosas contrarias a nuestra fe: me refiero a la intercesión de los santos, a la guía del Ángel Custodio y muchas otras realidades espirituales que existen.
Y el día de hoy el Señor nos muestra la importancia de esta realidad. Pero nos hace ver que es necesario aprender a trabajar en conjunto con esta fuerza sobrenatural.
En primer lugar en la primer lectura, nos muestra el poder de la oración, mientras Moisés elevaba las manos el pueblo de Israel ganaba la batalla, mientras una familia se mantiene en oración, en medio de las dificultades es seguro que venza la adversidad. Pero muchas veces no basta que sea un solo miembro el que ore, la familia que hora reunida, incluso cuando tengan roces, es capaz de vencer en las batallas que el mundo le presenta. Porque nos recuerda San Pablo en la segunda lectura: Ninguno que crea en él quedará defraudado.
Es pues necesario respondernos lo que nos cuestiona Jesús en el Evangelio: "Cuando venga el hijo del hombre ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?" Porque fe no solo es venir a Misa, fe no es solo pedirle a Dios, fe no es solo, pertenecer a un grupo. Fe es hacerme consciente de esta parte espiritual y aprender a trabajar en conjunto con ella. Así como lo hizo Moises y el pueblo de Israel, que tenían la parte espiritual pero también iban al combate. Así como le hizo San Pablo que oraba, fortalecía su espíritu pero no se quedaba en casa, salía al encuentro de los demás, no se quedaba en lo cómodo sino que su mismo espíritu lo impulsaba a donarse a si mismo.
Y hoy que celebramos el Domingo Mundial de las Misiones, preguntémonos si nosotros mismos estamos siendo misioneros en nuestra realidad. Que tanto soy capaz de llevar el Evangelio a mi propia vida, que tanto me esfuerzo por compartir el amor con los demás, que tanto soy capaz de enfrentar con valentía y amor mis propias luchas, que tanto me atrevo a confiar verdaderamente en Dios.
Démosle una oportunidad a la parte espiritual, hay que sumergirnos en la oración pero también en el trabajo. Hay que sumergirnos en el amor, pero también en la firmeza. Hay que perdonar, pero hay que saber darnos a respetar. Hay que confiar en Dios pero hay que esforzarnos al máximo. Hay que involucrarnos en las cosas del materiales, pero hay que trabajar todos los días nuestra parte espiritual. Confiemos en la Palabra del Señor, porque es viva y eficaz.
Hay mucha gente que asegura que esta parte es real, muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia dicen haber tenido experiencias místicas, experiencias espirituales que prueban que esta parte espiritual es tan real como lo material. Hay muchos que han presenciado milagros, otros tantos a los que se les ha concedido uno. Hay gente que asegura tener comunicación con personas que han partido de este mundo y que estos los guían e interceden por las necesidades, hay quienes se saben guiados por seres espirituales. Y no, no me refiero a cosas contrarias a nuestra fe: me refiero a la intercesión de los santos, a la guía del Ángel Custodio y muchas otras realidades espirituales que existen.
Y el día de hoy el Señor nos muestra la importancia de esta realidad. Pero nos hace ver que es necesario aprender a trabajar en conjunto con esta fuerza sobrenatural.
En primer lugar en la primer lectura, nos muestra el poder de la oración, mientras Moisés elevaba las manos el pueblo de Israel ganaba la batalla, mientras una familia se mantiene en oración, en medio de las dificultades es seguro que venza la adversidad. Pero muchas veces no basta que sea un solo miembro el que ore, la familia que hora reunida, incluso cuando tengan roces, es capaz de vencer en las batallas que el mundo le presenta. Porque nos recuerda San Pablo en la segunda lectura: Ninguno que crea en él quedará defraudado.
Es pues necesario respondernos lo que nos cuestiona Jesús en el Evangelio: "Cuando venga el hijo del hombre ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?" Porque fe no solo es venir a Misa, fe no es solo pedirle a Dios, fe no es solo, pertenecer a un grupo. Fe es hacerme consciente de esta parte espiritual y aprender a trabajar en conjunto con ella. Así como lo hizo Moises y el pueblo de Israel, que tenían la parte espiritual pero también iban al combate. Así como le hizo San Pablo que oraba, fortalecía su espíritu pero no se quedaba en casa, salía al encuentro de los demás, no se quedaba en lo cómodo sino que su mismo espíritu lo impulsaba a donarse a si mismo.
Y hoy que celebramos el Domingo Mundial de las Misiones, preguntémonos si nosotros mismos estamos siendo misioneros en nuestra realidad. Que tanto soy capaz de llevar el Evangelio a mi propia vida, que tanto me esfuerzo por compartir el amor con los demás, que tanto soy capaz de enfrentar con valentía y amor mis propias luchas, que tanto me atrevo a confiar verdaderamente en Dios.
Démosle una oportunidad a la parte espiritual, hay que sumergirnos en la oración pero también en el trabajo. Hay que sumergirnos en el amor, pero también en la firmeza. Hay que perdonar, pero hay que saber darnos a respetar. Hay que confiar en Dios pero hay que esforzarnos al máximo. Hay que involucrarnos en las cosas del materiales, pero hay que trabajar todos los días nuestra parte espiritual. Confiemos en la Palabra del Señor, porque es viva y eficaz.
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