viernes, 27 de septiembre de 2019

XXVI Domingo Ordinario "C"

¡No se preocupan por las desgracias de sus hermanos!, nos reclama el Señor por boca del profeta Amós. ¡¿Cómo quieres que nos ocupemos de nuestros hermanos?!, ¡¿Cómo ayudar a los demás si yo mismo no soy capáz de ocuparme de mis propias desgracias?!

Porque aunque sintamos que nuestra vida no está del todo mal, la verdad es que vivimos la parábola del Evangelio en Nuestra propia vida. Es decir, por una parte vivimos como el hombre rico, actuando como si fueramos poderosos y por eso nos peleamos con todo mundo, por eso buscamos imponer nuestras ideas a como de lugar, por eso nos enoja que las cosas no se hagan como nosotros queremos y somo enérgicos, duros con todos. Vamos por la vida sintiendonos orgullosos y presumiendo los logros que alcanzamos: un título, un trabajo, el comprar algo bonito, la ropa que vestimos, los amigos con los que nos juntamos. En muchos aspectos de nuestra vida, los vivimos así, sintiéndonos casi intocables.

Pero por otro lado, vivimos como Lázaro, sintiéndonos tristes, dejamos que el miedo nos consuma, permitimos que la angustia se apodere de nosotros y no hacemos nada cuando nuestro pasado nos atormenta, nos persigue y nos hace sentirnos de lo peor. Y es cuando al igual que Lázaro nos sentimos llenos de llagas emocionales y espirituales.

El pecado del Hombre Rico fue el no darse cuenta que él también tenía una parte pobre, si no materialmente, sí emocional y espiritualmente. Y a pesar de tener a Lazaro a los pies de su casa, no fue capáz de reflexionar sobre la pobreza que había en su propio corazón.

En nuestra vida, también encontramos oportunidad de darnos cuenta que somos pobres, mendigos y que necesitamos urgentemente que nos ocupemos de nuestras carencias. Es por eso que el apostol Pablo nos dice en la segunda lectura "TE ORDENO que que cumplas fiel e irreprochablemente TODO lo mandado, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo" . Porque cuando seguimos fielmente a Cristo, somos capaces de ocuparnos de nosotros mismos y de aquellos que sufren a nuestro alrededor.

Y la mejor manera de comenzar el cambio es atrevernos a ocuparnos tambén de las carencias de los demás. Hay muchos que al igual que Lázaro sufren a nuestro alrededor y estan necesitados no solo de ayuda economica, hay muchos que necesitan una palabra de aliento, muchos de ellos como nuestra familia, que buscan una sonrisa una aprovación de parte de su esposa, o esposo, de sus hijos o de sus padres... En la medida en que vamos ocupándonos de nuestros semejantes, nos estaremos contruyendo a nosotros mismos.

No dejemos que al igual que al hombre rico y a Lázaro nos separe la distancia, la indiferencia el desamor. Unámos nuestras vidas preocupándonos y ocupandonos de nosotros siempre de la Mano de Dios.

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