El pueblo de Israel se hizo un becerro de metal, se postraron ante él y le han ofrecido sacrificios. Y todo mundo tacha de Idólatras al pueblo de Israel, pero no creo que el pueblo haya obrado de mala fe. El pueblo actuó como lo que es, como un ser humano, porque el hombre (ser humano) tiene la necesidad no solo de saber algo, sino de experimentarlo. Así pues, ellos sabían que tenían un libertador, que era su Dios y que su nombre es YHWH. Lo sabían perfectamente, pero tenían la necesidad de ver su rostro de experimentar empíricamente su presencia entre ellos. Así somos todos, los matrimonios saben perfectamente que su pareja los ama, pero cada uno de ellos busca ver, sentir, oir, oler, ese amor. La esposa espera y el esposo espera manifestaciones de ese amor, más allá de lo que están acostumbrados. Así también el pueblo de Israel tuvo manifestaciones de Dios, la nube, la columna de fuego, el paso por el mar, así los matrimonios también tienen manifestaciones, la esposa hace comida, arregla la casa, el esposo sale a trabajar, se ocupa de los desperfectos de la casa, pero siempre necesitamos ver un rostro de entrega, de amor, de cercanía, que vaya más allá de lo ordinario.
Y el mismo Dios se presenta de esa manera en la persona de Jesús, Dios hecho hombre que nos muestra el rostro amoroso del Padre. Un rostro que estamos llamados a reflejar también nosotros, pero que muchas veces en nuestra desesperación e ignorancia (como dice San Pablo en la segunda lecctura) reflejamos muchas veces en un becerro de metal, al igual que el pueblo de Israel.
El señor Jesús nos muestra como es Dios con nosotros, en las parábolas que escuchamos. Gestos que nos hacen sentirnos protegidos al ser cargados en los hombros del Señor, como aquella oveja perdida. La alegría de Dios al darse cuenta que somo capaces de arrepentirnos, tanto que se hace una fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente. La ternura con que nos trata cuando volvemos a Él que nos devuelve nuestra dignidad al ponernos sandalias en los pies, nos hace parte de su familia al darnos un anillo, y nos alimenta con un gran banquete.
La vida es como nos lo presenta el Señor en las lecturas de hoy: muchas veces por querer conseguir comprensión, amor, respeto, dinero, una posición, lo hacemos dejándonos llevar por la desesperación (como el pueblo de Israel) y terminamos optando por un camino erróneo, comenzamos a crear nuestros propios becerros de metal.
Pero tenemos la opción de ver y crear el verdadero rostro del amor, en nuestra familia, en las personas que nos rodean, no esperando algo de ellas únicamente, sino dando lo mejor de nosotros. Así como el pastor deja todo, su comodidad, y va en busca de la oveja perdida, así dejemos todo por ir al encuentro de nuestros padres, de nuestra pareja de nuestros hijos; Así como la mujer barre, mueve muebles, para encontrar su moneda, así también nosotros movamos rencores, movamos envidias, movamos malas experiencias del pasado para encontrar la paz, encontrar el respeto, encontrar la concordia a nuestro alrededor; Y así como el hijo menor fue capaz de reconocer que se equivocó y tuvo la humildad de regresar, así también nosotros tengamos la humildad de reconocer nuestros errores nuestras caídas, nuestras equivocaciones, y regresemos al amor, al perdón, regresemos a pensar mejor nuestra vida, tengamos el valor de dejar aquello que nos lleva al fracaso y al error, y revistámonos de la gracia que nos da el Señor, porque San Pablo nos asegura en la segunda lectura "Cristo Jesús vino a este mundo para salvar a los pecadores. Cristo Jesús me perdonó para que yo fuera el primero en quien manifestara toda su generosidad"
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