A nadie nos gusta reconocerlo, pero es una realidad que el ser humano es más frágil de lo que nos gusta admitir, somos corruptibles, somos limitados. Y nos damos cuenta en como hemos llevado nuestra sociedad, vemos que hay guerras, enfermedades, que hay odio, que hay envidias, que estamos en constante lucha, y que buscamos deshacernos de los demás.
¿Cómo alcanzar a comprender la vida? ¿Como lograr entendernos a nosotros mismos? ¿Como poder corregir nuestro mundo, nuestra familia, nuestra comunidad, como lograr ser una sociedad verdaderamente fraternal y humana?
"Solo con la Sabiduría lograron los hombres enderezar sus caminos" dice la primer lectura, pero con la Sabiduría que proviene de Dios.
La sabiduría de Dios nos lleva a descubrir que verdaderamente podemos llegar a ser una humanidad más equilibrada, pero para poder llegar a ese punto hay que aprender a ordenar nuestras prioridades, tal como lo dice el Señor Jesús en el Evangelio.
Aquel que construye una torre, tiene que ver si cuenta con los materiales para edificarla. Su prioridad es conseguir el material necesario, no comenzar a construir inmediatamente.
Aquel que va en lucha contra un ejercito tiene que ver si tiene la victoria segura con los hombres que tiene a su disposición, si se da cuenta que no, entonces la prioridad y lo más prudente sería esperar a reclutar más hombres.
Y, ojo, el Señor no nos invita abandonar nuestra empresa. Si el hombre que esta construyendo la torre se da cuenta que no tiene el material suficiente, NO esta llamado a dejar el proyecto. Esta llamado a trabajar por lo que le hace falta para concluir satisfactoriamente el trabajo.
En la vida nos pasa lo mismo, podemos planear formar un mejor matrimonio, podemos planear echar a andar nuestro negocio, podemos planear ser una sociedad más justa. PERO nuestro deber es descubrir que nos hace falta para alcanzar el objetivo. No hay que desanimarnos si nos damos cuenta que somos una sociedad conflictiva, no hay que desanimarnos si en nuestro matrimonio hay problemas, no hay que desanimarnos si las cosas no salen bien en el negocio. Nos entristecen las caídas, sí. Pero eso no hace más que decirnos que nos hace falta conseguir lo necesario para poder transformar nuestra realidad.
Y el ingrediente fundamental, definitivamente, es el amor. El amor que nos invita a ver con diferentes ojos nuestra realidad. Así como le pidió, en la segunda lectura, Pablo a Filemón que viera su realidad con ojos distintos.
"Ya no veas a Onésimo como a un esclavo, sino como un hermano amadísimo" Ahí está la sabiduría de Dios para comenzar el cambio. Aprender a ver a las personas, a los acontecimientos con Amor. Que difícil debió ser para Filemón empezar a tratar y a ver a Onésimo como un hermano muy amado después de tenerlo como esclavo. Sin embargo es algo que estamos llamados a hacer cada uno de nosotros. A generar un cambio comenzando con nuestra forma de tratar a los demás, cambiando nuestra forma de expresarnos de nuestros semejantes, cambiando nuestra forma dirigirnos a las personas. Estos pequeños cambios impregnados de amor, nos llevarán a una realidad en la que todos deseamos vivamos en un mundo de paz y armonía.
Digamos junto con el salmista "Llénanos de tu amor y júbilo será la vida toda."
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