viernes, 2 de agosto de 2019

Lo más valioso.

La riqueza material no es mala, el mismo Jesús disfrutó de lujos necesarios, dejó que derramaran perfume costoso en sus pies y cabeza, comía en banquetes... sin embargo supo vivir la verdadera riqueza que era el amor, la misericordia y supo compartirlo con aquellos a quien amaba. Busquemos la verdadera riqueza y aunque busquemos bienes materiales, no dejemos de ser verdaderamente ricos.   

Lo más valioso.


XVIII Ordinario "C"

Coh. 1, 2; 2, 21-23         Sal 89           Col. 3, 15. 9-11          Lc. 12, 13-21


"Eviten toda clase de avaricia" dijo el Señor Jesús en el Evangelio. 

Supongamos que hay dos hombres de familia, uno tiene una casa pequeña con dos cuartitos donde vive toda la familia, este hombre desea y se desgasta por tener una casa más grande con un cuarto para cada uno de sus hijos, con un patio grande, etc; El otro hombre, tiene una casa muy grande. Él, su esposa, y dos de sus hijos tienen un auto cada uno, pero este hombre, aparte de la casa que tiene, desea y se desgasta por conseguir una casa de campo y una casa en la playa para poder ir a vacacionar él y su familia. 

¿Quién de los dos es un hombre avaro? ¡ninguno de los dos! ... ¡o los dos! Porque la Palabra (la Biblia) es severa con la avaricia, pero NO con la riqueza. 

La Sagrada Escritura no condena la riqueza, leemos que Abraham "era muy rico en ganado en plato y oro" (Gn 13, 2) Isaac "se hizo rico e iba progresando y creciendo hasta que se hizo muy poderoso" (Gn 26, 13), Jacob "se enriqueció en extremo, haciéndose dueño de muchos rebaños, de esclavas y esclavos, de camellos y burros" (Gn 30, 43). Para la Biblia la riqueza, la posesión de vienes es, por tanto, una bendición.

Lo que viene a invitarnos Jesús es a que seamos ricos en lo que vale ante Dios. Y lo más valiosos que tenemos es la vida misma y la vida de los hermanos. Es por eso que aquel hombre con una casa pequeña, puede caer en la avaricia, si todo lo ve en función de la casa que desea y no en función de su familia. Si ese hombre no es capaz de convivir con sus hijos, de jugar con ellos, de pasar tiempo escuchándolos conociéndolos, si no pasa tiempo con su esposa si no se da la oportunidad de fortalecer su relación, entonces su vida estará girando en torno a lo material, y no a lo verdaderamente importante. Lo mismo pasa con el hombre que desea sus casas para vacacionar, si no es capaz de disfrutar a su familia, si no es capaz de disfrutar sus bienes materiales con los suyos, entonces se estará alejando de lo que vale ante los ojos de Dios. 

Lo importarte en primer lugar es aprender a dar gracias a Dios, por lo mucho o lo poco que podamos tener, ya que al dar gracias sabremos aprovechar mejor los bienes materiales y al saberlos aprovechar y usar correctamente eso nos llevará a aprender a multiplicar lo que ya tenemos. Pero en cambio, aquel que se queja, que solo ve con envidia lo que tiene el otro, entonces se estará alejando de esa abundancia que tanto desea. Es por eso que San Pablo nos recordaba en la segunda lectura que "hay que dar muerte a todo lo malo que hay: Fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos, etc" estos son los pecados de los que hay que huir, porque nos separan de los hermanos, destruyen a las familias y por tanto nos separan de la verdadera riqueza y nos impiden disfrutar de la riqueza material. 

Agradezcamos entonces aquello que tenemos, compartamos lo mucho o poco con nuestros seres queridos, con aquellos que nos rodean, busquemos bienes materiales, pero sin olvidarnos de ser ricos, sin olvidarnos del amor, sin olvidarnos del perdón, sin olvidarnos de nuestra familia, sin apartarnos de lo que vale ante Dios.  


Alberto, pbro.




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