viernes, 19 de julio de 2019

Nadie me lo quitará

Tenemos la oportunidad de optar por lo mejor de nuestras vidas. A nuestro alcance está la felicidad porque a nuestro alcance esta Jesús, un Jesús que se "esconde" en los rostros más familiares e incluso en los rostros que menos nos esperamos. Sin embargo siempre será nuestra decisión el ponernos o no a sus pies.   .   

Nadie me lo quitará.


XVI Ordinario "C"

Gn. 18, 1-10         Sal 14           Col. 1, 24-28          Lc. 10, 38-42




Cualquiera puede quejarse de que tiene mucho trabajo, porque el trabajo nunca termina. Una ama de casa puede decir que trabaja mucho, lo mismo puede decir quien trabaja en la pizca, o quien trabaja en la obra, o quien trabaja en una oficina, o quien dirige una empresa. Cualquiera se puede quejar de que hace mucho, al igual que Marta se quejó con el Señor Jesús: "Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude". Sin embargo, Jesús no le dice a María que se ponga a ayudarle, al contrario, le dice Jesús a Marta: "María escogió la mejor parte y nadie se la quitará". 

¿Cuál es esa "mejor parte"? Es descubrir la presencia de la paz, en medio del ajetreo; es descubrir una sonrisa en medio de inconformidades; es descubrir oportunidades en medio de los problemas; es descubrir la presencia de Dios en medio del mundo. Porque no creo que María sea una floja desobligada, al contrario, me imagino que María apoyaba en las tareas domésticas a su hermana Marta, que servia y ayudaba a su hermano Lázaro, me imagino a María como alguien que nunca dejó tirada ninguna de sus obligaciones, pero con la capacidad de no dejarse absorber por la carga de trabajo y sobre todo con la valentía de sentarse a los pies de Jesús. 

Porque muchas veces nosotros al igual que Abraham -en la primera lectura- le decimos a Dios: "Señor mío, te ruego que no pases junto a mí sin detenerte" muchas veces le pedimos al Señor que se detenga en nuestra vida, que se detenga en nuestras necesidades, en nuestros problemas, en nuestra realidad, pero ahora es Él quien nos pide que seamos nosotros quienes nos detengamos, al igual que lo hizo María. 

Detenernos para ponernos a sus pies, y no únicamente en la Iglesia, sino en las personas que nos rodean. Los esposos deténganse a los pies de Jesús en la persona de sus esposas, en medio del trabajo y del cansancio, dense una oportunidad para escuchar, contemplar, mimar, amar, consentir a sus esposas. Esposas, dense una oportunidad de ponerse a los pies de Jesús en la persona de sus esposos, en medio de las tareas diarias, dense la oportunidad de consentir, agradecer, chiplear, amar, disfrutar a sus esposos. 

Como padres de familia, deténganse frente a sus hijos. Hijos, deténganse frente a sus padres. Sacerdote, detente ante el sagrario. Católico detente y ponte a los pies de tu Maestro y al igual que nos dijo el salmista, "procede honradamente, obra con justicia, se sincero en tus palabras, no desprestigies..." . Y todos juntos pongámonos a los pies de Jesús en la Eucaristía y en la escucha de su Palabra, porque aquí es donde nos nutrimos para poder descubrir a Jesús en las personas que nos rodean.

Seamos capaces de hacer un alto en nuestras vidas para ponernos en contacto con las personas que nos rodean, porque -Voltea a tu alrededor- esa es la mejor parte y cuando eliges amar a tu familia, cuando decides vivirlos, estarás escogiendo lo mejor y nadie te podrá quitar ese momento. 

Optemos por Dios, por nuestras esposas y esposos por nuestros hijos y nuestros padres, por nuestros amigos por nuestros compañeros de escuela y trabajo y digamos con toda seguridad: He elegido la mejor parte, y nadie me la quietará. 




Alberto, pbro.




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