VIERNES XXXIII ORDINARIO "A"
"En la boca te sabrá dulce como la miel pero te amargará las entrañas" ¿Dónde habremos vivido algo semejante a estas palabras que escuchó Juan? Pues a lo largo de nuestra vida. Muchas de nuestras experiencias comienzan así, dulces como la miel pero con el paso del tiempo se transforman en un trago amargo.
Lo vemos muy claramente en los compromisos trascendentes de nuestra vida, como lo es el matrimonio o el sacerdocio. En el caso del matrimonio, los novios comienzan viviendo su relación de una manera hermosa, para ellos todo es miel sobre hojuelas, no hay nada que pueda apagar el amor, el cariño, la admiración que se tienen. En ese momento todo es posible, toda su relación es dulce. Al seminarista le pasa lo mismo, esta con mucha ilusión de convertirse en sacerdote, todo lo que vive, sus estudios, su apostolado, su servicio, su trabajo, todo lo hace con la convicción de que es el camino que desea para su vida.
Pero en algunas ocasiones, pasa que para aquella pareja, una vez casados todo comienza a trasformase. Ya no hay tanto amor como antes, y las obligaciones, el trabajo incluso la misma pareja comienza a sentirse como una carga, vienen discusiones, sinsabores, desilusiones. Todo comienza a tener un sabor amargo. Para aquel joven seminarista sucede lo mismo, una vez ordenado, todo cambia, las responsabilidades de atender grupos, de las confesiones, las levantadas en la madrugada para ir a ver a un enfermo, la gente que busca consejo sin importar la hora y el medio, todo comienza a sentirse muy pesado y aquello que era una ilusión se transforma en una gran carga, se vuelve amargo.
Incluso a muchos les pasa con su relación con Dios. Recién evangelizados o cuando recién se tiene un encuentro con Jesús, se siente que se puede todo. Estamos dispuestos a cambiar el mundo y soportar todo lo que venga. Pero conforme pasa el tiempo, nos vamos dando cuenta que el Señor es exigente, que los problemas no se van del todo, que las dificultes continúan, aquella miel del encuentro con Dios, se va transformando en una vivencia amarga de la propia realidad.
¿Acaso nos está diciendo Dios que así va a ser toda nuestra vida, que todo es una trampa o una ilusión? No. La respuesta del Señor Jesús que escuchamos en el Evangelio es clara y dura: "Mi casa es casa de oración; pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones". Repitamos la respuesta de Jesús resaltando dos puntos: "Mi casa es casa de oración; pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones".
Jesús nos hace ver que no es Él, ni el Padre ni el Espíritu Santo quien amarga las cosas o la vida, somos nosotros: "Ustedes la han convertido". Podemos ver entonces la analogía en el libro del Apocalipsis. Cuando algo pasa por medio del ser humano, se desvirtúa. La palabra de Dios entra como miel, y al contacto con el ser humano se amarga. Dios nos da miel, y nosotros la amargamos. Dios nos da la vida y la desperdiciamos, Dios nos da inteligencia y no la usamos, Dios nos da la capacidad de amar y nos llenamos de rencores, Dios nos da personas a nuestro alrededor y nosotros las despreciamos, Dios nos lo da todo y no nos damos cuenta.
No estoy diciendo que el hombre sea malo por naturaleza, claro que no. Al contrario, fuimos hecho por Dios a imagen y semejanza. Somos buenos, pero nosotros mismo nos desvirtuamos, nos amargamos al no aprovechar lo que Dios nos da.
¿Nos hemos amargado? Dejémonos endulzar de nuevo por Dios. Si el pecado amarga nuestra vida, vamos a reconciliarnos con Dios. Tengamos una conversión, acerquémonos al Señor. El esta dispuesto a endulzarnos para que nosotros también sepamos endulzar nuestra vida. Vamos a endulzar nuestro matrimonio, nuestro ministerio, nuestra familia, nuestras amistades, endulcemos este tiempo de contingencia, eso solo puede lograrse con Dios. De manera especial a través de la oración: "Mi casa es casa de oración" no transformes tu vida en cueva de ladrones, el Señor te recuerda que estas hecho para vivir en la oración para vivir con y para Dios.
Tengamos el compromiso de volver a Dios, de endulzar nuestra vida y la vida de los demás.
Alberto, pbro.
Muy interesante y real su Homilía padre Alberto. Dios le siga iluminando para que nos habra el entendimiento y podamos retomar la dulzura del Evangelio.
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