SEAMOS DICHOSOS.
LUNES X DEL TIEMPO ORDINARIO
Jesús en el Evangelio de hoy habla de aquellos que brillan: los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, y los llamada dichosos.
Sin embargo el Señor también habla de los que carecen de algo: los que lloran, los que sufren, los que tienen hambre, y TAMBIÉN los llama dichosos.
No solo eso, de igual manera hace mención de los que son injuriados, perseguidos, acusados falsamente... y TAMBIÉN a ellos los llama dichosos.
Son tres modelos distintos: Entrega, Carencia y Persecución y a todos los llama dichosos. ¿De que va, entonces, la dicha? Muchos creemos que el ser dichoso es cuestión de estar siempre contento, de tener todo lo que quiero, de que las cosas salgan siembre -o la mayoría de las veces- bien. Pero el día de hoy, el Señor nos abre los ojos y sobre todo el corazón para darnos cuenta que la dicha, no viene del exterior, sino del interior.
Que aquel que es dichoso no es por lo que tiene, o no tiene. Sino que la dicha viene únicamente de Dios. Independientemente de la situación en la que nos encontremos es nuestro deber buscar a Dios y vivir nuestra realidad con Él. Solo así seremos dichosos, solo así sentiremos que esta vida vale la pena. De otro modo, si nuestra vida la vivimos sin Dios, sentiremos que, aunque estemos en un buen ambiente, la vida no vale nada.
En este tiempo de adversidad debido a la pandemia, tenemos el reto de sentirnos dichosos aún en la situación que estemos pasando. Claro que esto no significa que nos vamos a quedar cruzados de manos, sino que buscando alternativas, buscando soluciones, buscando la manera de seguir adelante, podamos dar un espacio para Dios para que esa búsqueda, esa persecución, esa enfermedad, sean motivos de dicha para nuestro corazón.
Por eso, como respondíamos en el salmo, estoy seguro que Siempre me cuidará el Señor.
Alberto, pbro.
Que el Señor nos conceda ser dichosos con todo lo que ha puesto en nuestro corazón y ante esta contingencia nos sintamos bienaventurados por qué Él sigue siendo cercanos a nosotros.
ResponderEliminarMuchas gracias, padre Alberto. Oro por Usted y su ministerio sacerdotal.
Gracias Padre Alberto, como siempre iluminando nuestro caminar! Dios le bendiga
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