miércoles, 15 de abril de 2020

Miercoles Octava de Pascrua "A" ...::: MÍRAME :::...

Mírame.


MIÉRCOLES OCTAVA DE PASCUA "A"

Hch. 3, 1-10         Sal 104           Lc. 24, 13-35


"No hay paz en este mundo, no hay bienestar, no hay oportunidades, no hay amor, no hay nada que valga la pena". ¡Cientos de veces hemos escuchado cosas como esas! y, honestamente, otras tantas las hemos dicho, o pensado. Pero no es que no exista la paz, el bienestar o el amor en nuestra vida, simplemente somos bastante desesperados

Vivimos en un mundo tan acelerado que no nos damos tiempo de descubrir que lo que tanto deseamos, está frente a nosotros. Tenemos que aprender a darnos el tiempo de mirar fijamente nuestra realidad para descubrir la belleza que nos rodea. Hay que contemplar a la Humanidad y descubrir que no somos el problema, que somos, si nos ponemos las pilas, la solución y la mejora; Contemplemos a nuestra familia y descubramos que no son un estrobo, sino el impulso para alcanzar nuestras metas; Veamos nuestro trabajo y caeremos en la cuenta que no es lo que me roba la vida sino lo que la dignifica; Miremos esta cuarentena y descubramos que no es un encierro recalcitrante , sino una oportunidad para aprender a ser mejores. 

Con paciencia debemos aprender a mirar. Esto es lo que se repite en las lecturas del día de hoy. 

Que significativo escuchar que cuando Pedro y Juan se acercaron a aquel hombre que pedía limosna, nos cuenta el autor sagrado, que los apóstoles "Fijaron en él los ojos" y que Pedro le dijo: "Míranos". Es necesario encontrarnos con la mirada de los demás, es necesario contemplar y dejarnos contemplar. El mirar a alguien, debe convertirse en una entrega de tal manera, que no solo se involucre nuestra mirada sino también nuestro corazón y nuestra mente. 

Acto seguido, dice la primer lectura, que el lisiado se quedó mirándolos en espera de que le dieran algo. Paciencia. Atento a los discípulos. Dejándose mirar y mirando. La espera, la esperanza es algo muy natural en los seres humanos, siempre esperamos algo de los demás o de los acontecimientos. Este hombre lisiado esperaba algo de Pedro y Juan; los discípulos de Emaús, esperaban algo de Jesús, leemos en el Evangelio: "Nosotros esperábamos que Él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que esas cosas sucedieron" 

Así también los padres esperan de sus hijos, los hijos de sus padres; la comunidad espera algo del sacerdote, el sacerdote de su comunidad; el esposo espera de la esposa y la esposa del esposo. Pero no se puede estar dispuesto a dar, ni a recibir, hasta que se tenga un encuentro de verdadero amor. 

Por eso Jesús quiso tener ese encuentro de amor con los discípulos de Emaús. Sentados a la mesa, compartiendo el pan, dando gracias, fue cuando descubrieron a Jesús. 

Cuando nos ponemos en paz, cuando nos damos la oportunidad de dialogar, de mirar con amor, cuando somos pacientes y tenemos nuestra mirada puesta en nuestra realidad y en los que nos rodean, entonces podremos descubrir que lo maravilloso ya esta ahí. El lisiado descubrió en los apóstoles algo más que unas pocas monedas. Los discípulos de Emaús descubrieron en Jesús a alguien más que un simple extranjero (como le llamaron al inicio de su diálogo)

Si en esta cuarentena nos damos la oportunidad de estar en paz, de ver a nuestra familia, de encontrarnos con ellos en un ambiente de entrega, descubriremos el tesoro tan grande que tenemos en cada uno de ellos.

Que podamos, al igual que el lisiado y los discípulos de Emaús, encontrarnos con Dios que siempre está a nuestro lado. 

Alberto, pbro.

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