COSAS DE LA TIERRA, COSAS DE DIOS.
MARTES II PASCUA "A"
Hch. 4, 32-3 Sal 92 Jn. 3, 7-15
Es increíble el testimonio que da la primera comunidad de cristianos, parece que vivían en una utopía: todos se ayudaban entre sí, nadie pasaba necesidad, los apóstoles gozaban de una gran estima, si alguien tenía grandes bienes los repartían entre los hermanos... Aparentemente todo lo contrario a nuestros días. Lamentablemente descubrimos división entre las mismas personas que sirven en el templo, vemos infidelidades, envidias, los sacerdotes gozamos de una reputación no muy buena, a decir verdad. Pareciera que los papeles se han invertido, todo lo contrario a la primera comunidad.
¿Por qué hemos dejado que sucediera eso? La clave nos la da Jesús en el Evangelio: "Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán si les hablo de las celestiales?" Jesús nos hace darnos cuenta que nos hemos olvidado de lo celestial, hemos descuidado la espiritualidad, nos hemos ido alejando de Dios, ya no oramos, no nos acercamos a la palabra, no participamos de los sacramentos, todo lo que "huela" a Dios o a espiritual, lo desterramos de nuestra vida.
Pero, ojo, sacamos de nuestra vida lo espiritual, porque también hemos sacado lo terreno. Dice Jesús: "Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra", que preocupante darnos cuenta que tiene razón, que muchas veces no creemos ni en lo que vemos, sentimos, escuchamos... Hemos dejado de creer en nuestras capacidades, hemos dejado de creer en el respeto, hemos dejado de creer en nosotros mismos. Dejamos de creer en la naturaleza y por eso acabamos con ella, desperdiciamos agua, talamos bosques, hemos extinto cientos de especies de animales. Dejamos de creer en el ser humano, no prestamos atención a los niños, no apoyamos a los jóvenes y desechamos a los ancianos. !Cuanta razón tenía Jesús!
Por eso estamos tan lejos de la espiritualidad, porque estamos también lejos del mundo, aparentemente estamos lejos de todo.
Esta cuarentena es la oportunidad para acercarnos al mundo, para respetar la naturaleza, para amar a las personas que nos rodean, para descubrir la grandeza que hay en nosotros mismos, entonces podremos darle un giro a nuestra realidad de comunidad, de Iglesia, y podremos volver a vivir como aquellos primeros hombres y mujeres que hacían de la vivencia de Cristo algo maravilloso. El Señor nos recuerda que está en nuestras manos hacer de esta realidad algo extraordinario.
Vivamos nuestro mundo, vivamos nuestra espiritualidad.
Alberto, Pbro.
Que el Señor nos haga adentrarnos más en nuestra espiritualidad, para poder comprender las cosas del cielo, los mismos deseos del Señor.
ResponderEliminarDios le bendiga, Pbro. Alberto. Unidos en oración.