Fe y Misericordia.
II Pascua (Divina Misericordia) "A"
Hch. 2, 42-47 Sal 117 1 Pe. 1, 3-9 Jn. 20, 19-31
"Porque la fe de ustedes es más preciosa que el oro", dice San Pedro... ¡Pero la fe no me da cosas, la fe no me da de comer, la fe no le da educación a mis hijos! ¡Se necesita el oro se necesita el dinero! ¡La Religión con su fe nos quiere tener en la miseria!... Esos son reclamos que muy a menudo escuchamos.
Ojo, ni San Pedro, ni la Iglesia nos dicen que el dinero sea malo, o que sea del "diablo", sino que nos hace ver que la FE es mucho más preciosa, y que si tenemos fe, que si vivimos nuestra fe, entonces podremos hacer mejor uso de los bienes que tenemos.
La primera lectura nos hace darnos cuenta de eso, dice que "en los primero días de la Iglesia, todos eran, constantes en escuchar las enseñanzas, en la comunión fraterna, en la fracción del pan, en las oraciones", pero además "vendían sus propiedades, tenían todo en común, se daba según las necesidades de cada uno", por medio de la fe, aprendían a vivir también lo material, a darle un sentido distinto, de manera que todos se sintieran satisfechos en todos los sentidos.
Es decir, la fe nos abre posibilidades, si con la fe aprendemos a manejar los bienes materiales, con la fe aprenderemos a manejar cualquier situación.
Es por eso que leemos en el Evangelio esa aparente contradicción: "Alégrense, aún cuando tengan que sufrir". Es esa invitación a vivir cada momento con FE, porque si vivimos una perdida con fe, no dejaremos que esa tristeza nos consuma; si vivimos una dificultad familiar con fe, aprenderemos a dialogar y encontraremos alternativas; si vivimos esta cuarentena con fe, aprenderemos a administrar nuestro tiempo, nuestras actividades, y este tiempo se convertirá en tiempo de crecimiento, de fortalecer nuestra paciencia, nuestra esperanza, nuestra voluntad, nuestra vivencia familiar. La fe nos abre los ojos a descubrir las posibilidades que tenemos frente a nosotros.
Que fortaleza en este tiempo en el que nos encontramos, al igual que los discípulos a puertas cerradas, saber que Jesús llega y nos dice "La paz esté con ustedes". No nos dice que la enfermedad se ha acabado, o que los problemas se esfumaron, nos dicen que La Paz está con nosotros, esa paz que nos ayuda a vivir este momento de la mejor manera.
Tengamos la seguridad de que el Señor se hace presente en nuestras vidas, porque su misericordia es eterna. Digamos todos que su misericordia es eterna, vivamos juntos esa misericordia y saquemos lo mejor de nosotros mismos. El Señor de la misericordia nos trae en es te día la Paz, y nos invita a vivir nuestra fe. Que este tiempo pascual se convierta para nosotros en una oportunidad de vida, una oportunidad para aceptar y compartir la misericordia que viene de Jesús.
Alberto, pbro.
GRACIAS.
ResponderEliminarMuchas gracias, Padre: que la fe nos abra los ojos para presenciar la misericordia del Padre.
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