viernes, 13 de marzo de 2020

III Cuaresma "A" ...::: SEAMOS COMO ELLOS :::...

SEAMOS COMO ELLOS.


III Cuaresma "A"

Ex. 17, 3-7         Sal 94           Rom. 5, 1-2.5-8          Jn. 4, 5-42




Promesa ---- > Desierto ------- > Tierra prometida.


Dios promete una tierra, Dios promete la paz, Dios promete el amor, pero se nos olvida leer las letras chiquitas de los pactos con Dios, que dicen que esa promesa ha de ser conquistada. 

El pueblo se encuentra en este momento en el Desierto, la parte difícil, de entrenamiento, la parte en que nos exige esfuerzo. Cada meta que queremos alcanzar implica aprender a pasar por un Desierto, por un momento de entrenamiento.


Promesa  ---- >                                      Desierto ------- >                          Tierra prometida

Una carrera universitaria  ---- > Estudio, desvelo, malcomer  ---- >  Ser profesionista

Una Familia ---- > Atención al cónyuge, hijos, trabajo, cooperación ---- > Satisfacción.

Felicidad ---- > Aprender a afrontar problemas, dificultades, tristeza ---- > Plenitud



El Desierto va a ser esa parte dentro de un proyecto de vida, en la que nos sentimos desfallecer y sentimos que nos hace falta lo esencial, tal como lo sintió el pueblo hebreo: "¿Nos has sacado para hacernos morir?" y morir por falta de lo más esencial que es el agua. Muchas veces reclamamos lo mismo a Dios: "¿Me llamaste al matrimonio para llenarme de problemas y dificultades? Me hace falta lo más esencial, el amor, el respeto"  "¿Me llamaste a la vida para sufrir, para batallar? Me hace falta lo más esencial, la paz, la tranquilidad"

Podemos ver que en el mundo estamos en un gran desierto, porque escuchamos en la primer lectura que el pueblo torturado por la sed fue a protestar contra Moisés. Y las protestas son el pan de cada día: hay protestas a favor de la vida, hay protestas para legalizar la eutanasia, abortos, etc; Hay protestas a favor de la Iglesia y sus valores, hay protestas en contra de la Iglesia; Hay protestas a favor de la ideología de género, Hay protestas en contra de la ideología; Hay quienes apoyan el consumismo actual y hay personas que están en contra; Hay quienes protestan contra el cambio climático, hay quienes aseguran que no es real... y la lista puede seguir. 

Salimos a protestar, porque al igual que el pueblo hebreo sentimos que nos hace falta lo más esencial. La diferencia es que el pueblo hebreo identificaba perfectamente lo que les hacia falta: Agua. A nosotros como sociedad, nos cuesta trabajo identificar que es lo que verdaderamente necesitamos. 

Y ¿qué es lo que necesitamos? Definitivamente necesitamos a Dios y lo mejor de todo es que ¡¡ LO TENEMOS !!, nos lo recuerda San Pablo en la segunda lectura: "La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado" Entonces, si tenemos a Dios y Él mismo nos infunde su amor ¿por qué estamos así? Porque nos hace falta ser valientes para vivir lo que ya hemos recibido. Así como Jesús y la Samaritana actuaron con valentía. 

Jesús y la Samaritana nos demuestran que el valiente no es el que más grita o el que más aguanta los golpes, o quien es golpea más fuerte. Valiente es quien se atreve a Amar: amar ofreciendo tiempo, comprensión, esperanza, así como lo hizo Jesús con la Samaritana y como lo hizo ella con Jesús.

En este pasaje del Evangelio mi admiración no es solo para Jesús sino también para la Samaritana, porque entre los dos vivieron el verdadero amor. Era impensable que un judío y una samaritana entraran en comunicación y menos una tan profunda como lo hicieron los dos. Jesús por ser judío, según las costumbres, no debió de acercarse a esa mujer, y la mujer, según las costumbres, no debió prestarle atención a un judío. 

Nos damos cuenta que los dos hicieron un esfuerzo por abrirse al otro, que de los dos partió el deseo de comprenderse, de dialogar, que por los dos se pudo dar ese maravilloso encuentro. Porque así son las relaciones personales, si solo uno pone de su parte, no funciona. Si solo Jesús hubiera estado dispuesto a dialogar pero la samaritana no, no se hubiera producido la riqueza que escuchamos hoy. Si solo la Samaritana hubiera estado dispuesta a abrirse al otro, no se hubiera logrado la conexión que se dio. SIEMPRE se necesitan de ambas partes que para que funcione.

Y es ahí donde encontramos lo esencial que nos falta, esa es el agua que reclamaba el pueblo hebreo y de la cual ahora nuestra sociedad está sedienta. Estamos sedientos de apertura pero somos nosotros mismos los que cerramos puertas; estamos sedientos de comprensión pero somos nosotros mismos los que señalamos, estamos sedientos de amor, pero somos nosotros mismos los que generamos odio y división.  

De la apertura de ambas partes, del diálogo surge el amor, surge la paz, la comprensión. ¡Tenemos a Dios! Solo nos hace falta vivirlo. Aunque estemos en el desierto, siembre se puede tocar la roca con la vara de Moisés para que mane agua, en el desierto siempre se puede tocar el corazón de los demás con amor, para que mane la paz. 

Seamos como la Samaritana y Jesús. 


Pbro. Alberto

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