viernes, 8 de noviembre de 2019

Convicción.


XXXII Ordinario "C"

Mac 7,1-2.9-14            Sal 16,1.5-6.8.15            2 Tes. 2,16–3,5                Lc. 20, 27-38


Todos buscamos la formula mágica para alcanzar el éxito, la buena noticia es que sí hay una fórmula, la mala es que no es mágica. Pero sigue siendo todo una buena noticia, porque Dios nos revela esa fórmula que solo esta al alcance para aquel que se atreva a usarla. 

Convicción.


Tantas personas que han logrado sus metas, tantas personas que han salido adelante, tantos que han logrado superar dificultades, cuánta gente que se ha levantado para reclamar lo que es suyo. Cientos de personas que, cual ave Fénix, parecen renacer de las cenizas de sus propias vidas. ¿Que me hace falta? ¿Que diferencia hay entre ellos y yo? ¿Cual es el secreto?

El secreto lo escuchamos hoy en la primer lectura: Convicción. Cada uno de nosotros deseamos algo, pero no tenemos la convicción necesaria que nos mantenga firmes en nuestro camino con destino a nuestros sueños. Y mientras no tengamos convicción, dejaremos que cualquier oferta, que cualquier voz, nos distraiga, nos frene o nos pierda del camino que deseamos recorrer. 

Quiero tener una mejor relación con mi esposa/esposo, pero en el camino está la voz de los amigos que me invitan a no llegar a casa, que me invitan a salir cada fin de semana con ellos; Está la voz de la apatía que me convence de no escuchar las preocupaciones y problemas de mi pareja; Aparece aquel orgullo que me impide consentirla(o) y dedicarle un poco de tiempo. ¡QUIERO TENER UN BUEN MATRIMONIO!... Pero no tengo la valentía de permanecer firme en lo que sé que es correcto. 

Quiero superarme, quiero tener algo mejor de lo que tuvieron mis papás, pero en el camino me encuentro con la voz que me dice: "no obedezcas, busca solo la diversión y lo que te gusta"; Aparece en la vida la idea de: "no estudies, no te esfuerces, ¡total, algo saldrá, algún trabajillo conseguirás y con eso la armas"; Llega a la mente el pensamiento de: "Disfruta ahora, te preocuparás después". ¡QUIERO TENER UN MEJOR FUTURO!... pero no me atrevo a permanecer firme a mis ideales. 

Aquellos hermanos, del libro de los Macabeos, estaban convencidos, de que Dios les tenía la vida eterna, por eso eran capaces de sufrir tormentos y de aceptar la muerte. Sabían que aquel sufrimiento era solo un paso para alcanzar algo mucho mejor.

Aquel que está convencido de lo que quiere, es capaz de escuchar a su esposo o esposa, es capaz de ponerse a estudiar en lugar de salir cada fin de semana con los amigos, es capaz de ayudar con los deberes de la casa, porque sabe que esas acciones no son más que un paso para alcanzar una meta aún mayor. 

Cuando me doy cuenta, que cada paso que doy es necesario para alcanzar mi objetivo, deja de convertirse en un sufrimiento. El matrimonio deja de ser un peso, el estudiar y obedecer deja de ser una monserga, el levantarme a trabajar deja de ser un carga insoportable. Seguirá exigiéndonos, sí, pero lo haremos con alegría. Y lo hemos experimentado, porque así como cuando eramos jóvenes con alegría nos desvelamos, gastamos dinero, nos esforzamos, por conquistar a alguien, esos sacrificios se convierten en alegría, cuando estamos convencidos de lo que verdaderamente deseamos. 

Por eso son muy importantes los momentos de oración que nos procuremos. San Pablo en la segunda lectura, nos invita a orar unos por otros, porque la oración que hagamos por nosotros nos ayudará a darnos cuenta que lo que vivimos es solo un escalón que nos lleva a la cima del éxito, que un momento difícil no es más que un momento necesario para saber afrontar las contrariedades de la vida. La oración nos mantiene en esa sintonía de saber que, aunque las cosas vayan mal, siempre se puede tener la certeza de que alcanzaremos lo que estamos buscando.   

Y cuando por medio de la oración centramos nuestra energía y nuestras fuerzas, no nos estaremos "yendo por las ramas" como les sucedió a los saduceos, que perdían de vista la esencia. Así nosotros no perdamos la esencia de nuestras vidas, que es precisamente: vivirla.  Que en nuestro esfuerzo por alcanzar nuestras metas sepamos que el camino recorrido es lo que cuenta, que la experiencia que vamos adquiriendo es lo que nos capacita para llegar más lejos. Es importante la meta y los bienes que vayamos adquiriendo, pero más importante es cada instante, cada momento vivido. 

Que a pesar de la dificultad, al igual que los siete hermanos, podamos estar alegres con la certeza de que algo mejor esta por llegar si es que tenemos la convicción de mantenernos firmes y comenzar así nuestro camino. 




Alberto, pbro.







No olvides dejar tus comentarios, serán de mucha ayuda para mi. Y si te ha gustado, compártelo. 

0 comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por compartir con nosotros tus propias inspiraciones.