Hay personas que están convencidas que la tierra es plana,
¿y que hacen? Organizan encuentros, difunden sus pensamientos mediante medios electrónicos
e impresos, crearon un movimiento tan grande que miles de personas los siguen e
invierten fuertes sumas de dinero para apoyar esta organización.
Miles de personas están convencidas de que visitantes de
otros mundos llegan a nuestro planeta o incluso que muchos de ellos viven entre
nosotros, ¿y que hacen estas personas? Buscan alertar a la sociedad, muchos de
ellos son capaces de dedicar toda su vida para investigando, documentando,
recolectando evidencia para darla a conocer.
Millones de personas dicen que la ciencia es lo único que
vale la pena,
Hay quienes creen que apostar por la ecología es lo que va a
hacer de nosotros una mejor sociedad, tanto así que hay cientos de
organizaciones a favor de los animales, que se dedican a reforestar bosques,
que buscan proteger especies en peligro de extinción, y pasan toda su vida
luchando por hacer conciencia en los demás.
Hay millones de personas que dicen que los avances
tecnológicos es lo que vale la pena, y tanto así que se dedican a mejorar lo
que ya existe, pueden pasar su vida estudiando y generando nuevas ideas que
ayudan al progreso de la ciencia.
Hay personas que aseguran que estaremos mejor cuando los
modelos educativos cambien, y tanto lo creen que pasan su vida generando nuevas
formas de educación, son los primeros que llevan una educación distinta, y
comparten aquello que han aprendido.
Esto nos enseña que lo que creemos es capaz de guiar nuestra
vida, lo que creemos moldea también nuestra forma de ser, lo que creemos nos
lleva a generar los frutos correspondientes.
Viendo nuestra vida, podemos descubrir los frutos que
estamos dando, y preguntarnos si son los frutos que queremos presentar al Señor
como lo escuchamos en la primer lectura,
Dice San Pablo acertadamente en la segunda lectura: "Basta que uno declare con su boca que Jesús es el Señor y que crea en su corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos para que pueda salvarse" Basta con proclamar con la boca y creer con el corazón. Así de... ¿Fácil? No, lo que nos da san Pablo no es una fórmula sencilla.
Que fácil decir las cosas: "Se que puedo hacer una buena familia" "Se que voy a tener mucho éxito en la vida" "Voy a poder viajar por todo el mundo" "Pondré mi propio negocio" "No repetiré los errores de mis padres" "Jesús es mi Señor y Salvador" eso lo podemos decir muy fácilmente pero creerlo en el corazón, eso no cualquiera lo hace.
Porque creer con el corazón implica estar dispuesto a dar todo de si mismo para alcanzar ese sueño. Todos aquellos que ahora ven realizados sus sueños fueron hombres y mujeres que proclamaron con su boca pero que su creencia los impulso a saber aprovechar oportunidades, los llevó a prepararse con desvelos, su creencia los llevó a vivir carencias y a privarse de muchas cosas con tal de alcanzar su meta, el creer con el corazón nos tiene que mover a darnos cuenta que parte del camino depende de nosotros mismos. Una persona que cree verdaderamente con el corazón es capaz de mantenerse firme en la adversidad es capas de aprender de los errores, se cae se puede sentir frustrado pero aun así se pone de pie para seguir avanzando, una persona que tiene su creencia bien enraizada en el corazón es capas de no dejarse llevar unicamente por un momento, una emoción o un impulso es capaz de analizar la situación para poder tomar las mejores desiciones, que lo van a llevar a contemplar sus sueños hechos realidad.
Una persona que cree en el corazón es semejante a Jesús, como lo escuchamos en el Evangelio. Jesús que frente al hambre que sentía y frente a la posibilidad de convertir la piedra en pan (porque podía) desdió no dejarse llevar por un impulso... y nosotros muchas veces decirnos, "Si puedo lo hago ¿por qué me voy a privar?" Pues Jesús sabia perfectamente que después vendría algo mucho mejor y esperó.
Jesús tuvo la oportunidad de dominar sobre todo y sobre todos en este mundo, y sin embargo supo decir que no, porque sabía que si aceptaba le estaría dando la espalda a sus convicciones le estaría dando la espalda a su Padre. Supo mantenerse fiel a sus convicciones... y en muchas ocasiones a nosotros no nos importa pasar por encima de la gente, de nuestra propia familia, solo por conseguir lo que queremos para nosotros.
Jesús se aguantó las ganas de ser chantajista, el aventarse de la torre alta del templo equivaldría decirle a Dios: "Si dices que me quieres, pues protegerme" cosa que hacemos muchas veces con Dios, decimos: "Donde esta Dios, porque hay muchas cosas malas o me pasan muchas cosas malas" y no nos gusta entender, como Jesús, que también es nuestra responsabilidad el saber tomar buenas decisiones, que no a pretender que Dios haga todo el trabajo, sino que yo tengo que tener la capacidad de no ponerme en situación de riesgo.
Jesús pudo mantenerse firme a Dios porque creía con el corazón. Y esa creencia lo llevo a saber que tenía que darlo todo para ser fiel a su creencia. Preguntémonos nostros que tanto creemos con el corazón lo que decimos creer. Que tanto mis creencia en Dios me lleva a actuar y a comportarme como un verdadero hijo de Él, que tanto mis creencias en mis sueños me llevan a trabajar en ellos, que tanto mis creencias en mis valores, me lleva a vivirlos en cualquier momento, que tanto mi creencia en mis propias capacidades me llevan a descubrir a Dios dentro de mi.
Que primicias de nuestra vida le presentamos a Dios el día de hoy, en la primera lectura Dios nos pedía que le presentáramos nuestra primicias, que tengo para ofrecerle, que he hecho de mi vida, que tanto he creído en que puedo alcanzar el éxito, que tanto he creído que puedo ser mejor, que tanto he creído que Dios me acompaña y que me da la capacidad para trabajar, para entregarme, para crear mi propia vida.
Es hora de creer es hora de confiar, es hora de decirle a nuestro Señor con todo el corazón lo que respondíamos en el Salmo "Tú eres mi Dios y en ti confío"
Que fácil decir las cosas: "Se que puedo hacer una buena familia" "Se que voy a tener mucho éxito en la vida" "Voy a poder viajar por todo el mundo" "Pondré mi propio negocio" "No repetiré los errores de mis padres" "Jesús es mi Señor y Salvador" eso lo podemos decir muy fácilmente pero creerlo en el corazón, eso no cualquiera lo hace.
Porque creer con el corazón implica estar dispuesto a dar todo de si mismo para alcanzar ese sueño. Todos aquellos que ahora ven realizados sus sueños fueron hombres y mujeres que proclamaron con su boca pero que su creencia los impulso a saber aprovechar oportunidades, los llevó a prepararse con desvelos, su creencia los llevó a vivir carencias y a privarse de muchas cosas con tal de alcanzar su meta, el creer con el corazón nos tiene que mover a darnos cuenta que parte del camino depende de nosotros mismos. Una persona que cree verdaderamente con el corazón es capaz de mantenerse firme en la adversidad es capas de aprender de los errores, se cae se puede sentir frustrado pero aun así se pone de pie para seguir avanzando, una persona que tiene su creencia bien enraizada en el corazón es capas de no dejarse llevar unicamente por un momento, una emoción o un impulso es capaz de analizar la situación para poder tomar las mejores desiciones, que lo van a llevar a contemplar sus sueños hechos realidad.
Una persona que cree en el corazón es semejante a Jesús, como lo escuchamos en el Evangelio. Jesús que frente al hambre que sentía y frente a la posibilidad de convertir la piedra en pan (porque podía) desdió no dejarse llevar por un impulso... y nosotros muchas veces decirnos, "Si puedo lo hago ¿por qué me voy a privar?" Pues Jesús sabia perfectamente que después vendría algo mucho mejor y esperó.
Jesús tuvo la oportunidad de dominar sobre todo y sobre todos en este mundo, y sin embargo supo decir que no, porque sabía que si aceptaba le estaría dando la espalda a sus convicciones le estaría dando la espalda a su Padre. Supo mantenerse fiel a sus convicciones... y en muchas ocasiones a nosotros no nos importa pasar por encima de la gente, de nuestra propia familia, solo por conseguir lo que queremos para nosotros.
Jesús se aguantó las ganas de ser chantajista, el aventarse de la torre alta del templo equivaldría decirle a Dios: "Si dices que me quieres, pues protegerme" cosa que hacemos muchas veces con Dios, decimos: "Donde esta Dios, porque hay muchas cosas malas o me pasan muchas cosas malas" y no nos gusta entender, como Jesús, que también es nuestra responsabilidad el saber tomar buenas decisiones, que no a pretender que Dios haga todo el trabajo, sino que yo tengo que tener la capacidad de no ponerme en situación de riesgo.
Jesús pudo mantenerse firme a Dios porque creía con el corazón. Y esa creencia lo llevo a saber que tenía que darlo todo para ser fiel a su creencia. Preguntémonos nostros que tanto creemos con el corazón lo que decimos creer. Que tanto mis creencia en Dios me lleva a actuar y a comportarme como un verdadero hijo de Él, que tanto mis creencias en mis sueños me llevan a trabajar en ellos, que tanto mis creencias en mis valores, me lleva a vivirlos en cualquier momento, que tanto mi creencia en mis propias capacidades me llevan a descubrir a Dios dentro de mi.
Que primicias de nuestra vida le presentamos a Dios el día de hoy, en la primera lectura Dios nos pedía que le presentáramos nuestra primicias, que tengo para ofrecerle, que he hecho de mi vida, que tanto he creído en que puedo alcanzar el éxito, que tanto he creído que puedo ser mejor, que tanto he creído que Dios me acompaña y que me da la capacidad para trabajar, para entregarme, para crear mi propia vida.
Es hora de creer es hora de confiar, es hora de decirle a nuestro Señor con todo el corazón lo que respondíamos en el Salmo "Tú eres mi Dios y en ti confío"
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