domingo, 17 de febrero de 2019

Domingo Ordinario V Ciclo C


CITAS BÍBLICAS DE LA MISA

Is. 6, 1-2. 3-8; Salmo 137; 1a Cor. 15, 1-11; Lc 5, 1-11.

HOMILÍA

¿No crees, Señor, que ya he aguantada lo suficiente?,

Me siento cansado ya no tengo fuerzas para seguir, ya NO QUIERO seguir, siento que ya lo he dado todo incluso que he dado más de lo que mis fuerzas me lo permiten. En este día digo junto con el profeta Isaías “¡Ay de mi!, estoy perdido”.

Y, tu Señor, aún viendo que me siento derrotado y sin ganas de seguir avanzando vienes y me dices junto con Pedro: “lleva la barca mar adentro”, cómo se te ocurre Señor venir y pedirme que siga trabajando cuando ya no tengo fuerzas para seguir adelante, cuando lo único que quiero es olvidarme de todo, lo que quiero es descansar, lo que quiero es no saber nada más, porque me he quedado sin fuerzas.

¿Por qué hasta este momento vienes con esa promesa de superabundancia, por qué me dices, a través de este evangelio, que estas preparado para llenar mis redes de pescados, por qué te presentas ahora como un Dios providente y de abundancia. Esta promesa me la hubieras hecho antes, cuando estaba dispuesto a perdonar, cuando estaba dispuesto a luchar, cuando estaba dispuesto a darlo todo...  no en este momento, no ahora, que ya no me queda nada...

Pero, reconozco que muy en el fondo, algo muy en el fondo me dice que hay algo... ¡Que debe haber algo!, que la vida no puede quedarse en esto, que la vida tiene que ser algo más,

No se que sea, Señor, pero hay algo muy en el fondo de mi corazón que aún se mueve, lentamente pero pareciera que no todo esta muerto, que hay algo más, que algo brilla en mi interior...

Y tus palabras Señor resuenan en mi mente “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”, me dan vueltas en mi cabeza porque no entiendo qué significa eso: ¿que es ser pescador de hombres? ¿como no tener miedo? 

¿significa que acaso me quieres para algo? Así como estoy, así derrotado, así sin nada que ofrecerte ni a ti ni a mis hermanos, así me llamas, ¿para que me quieres Señor?

¿Será acaso que Es eso lo que siento en mi corazón? ¿Que aún hay esperanza, que en realidad no todo esta perdido?,

Claro! Ahora entiendo a San Pablo, cuando me dice que fue el último, que era como un aborto, porque así me siento yo también, el último de todos... y aún así lo llamaste a él, y ahora, y ahora me llamas a mi, me pides que eche las redes, me dices que siempre se puede seguir adelante, que no importa cuan dura sea la vida SIEMPRE HAY UNA FORMA para superar los obstáculos, me dices que tengo la fuerza para vencer la adversidad, me dices que me llamas a ser grande, que me llamas a seguirte, me dices Señor, que la vida duele pero tu me curas.

Estoy seguro que el día de Hoy me has tocado como tocaste a Isaias por medio de uno de tus serafines y me dices lo mismo “Mira: Esto ha tocado tus labios. Tu iniquidad ha sido quitada y tus pecados te están perdonados”

Gracias Señor, gracias por no condenarme, gracias por darme la seguridad de que puedo ponerme en pie, gracias porque me doy cuenta que hay más, mucho más y que estas dispuesto a ayudarme a conseguirlo, ahora puedo decirte junto con el salmista “Gracias por tu lealtad y por tu amor: siempre me escuchas y me llenas de valor, Gracias Señor porque tu mano me pone a salvo, Gracias porque tu amor perdura eternamente; Obra tuya soy Señor, no me abandones”

pbro. Alberto, sacerdote diocesano.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por compartir con nosotros tus propias inspiraciones.