martes, 28 de abril de 2020

Miércoles III Pascua "A" ...::: VEN Y NO CREEN :::...

VEN Y NO CREEN.


MIÉRCOLES III PASCUA "A"

Hch. 8, 1-8         Sal 65           Jn. 6, 35-40

En la primer lectura nos encontramos con que Felipe, a causa de la persecución que se desató en Jerusalén, comenzó a predicar en Samaria y en ese lugar liberaba poseídos, sanaba paralíticos, curaba lisiados. Todo esto, como es de esperarse, llamó la atención de los ciudadanos y al ver los milagros y prodigios, toda la ciudad se sentía muy contenta de tenerlo entre ellos.

Esto es una constante con los discípulos, hemos venido leyendo en las lecturas de Pascua, todos los prodigios que hacían los seguidores de Jesús. Hemos escuchado de Pedro, de Juan, de Esteban y ahora de Felipe. Todos ellos causaban admiración entre la gente y realizaban signos extraordinarios. Muchísima gente estaba contenta con ellos.

Aún con todos estos milagros y a pesar de que mucha gente se convertía, había otros tantos, que no estaban convencidos de los milagros que obraban los discípulos en nombre de Jesús. Y podríamos caer en críticas hacia esas personas: "¿Cómo es posible que no crean?" "¿Por qué si estaban viendo los milagros no se convencían?" "¿Qué más pruebas quieren?" Lo dice el mismo Jesús en el Evangelio el día de hoy: "Me han visto y no creen".

En realidad todos somos así. Sabemos las cosas, nos damos cuenta de ellas y aún así, no las hacemos o no las seguimos.  Sabemos que para superarnos hay que estudiar y aún teniendo la oportunidad de hacerlo preferimos perder el tiempo haciendo mis tareas y trabajos a la mera hora; Se que tengo que dormir temprano para rendir bien en el trabajo, y aún pudiéndolo hacer, me desvelo en el celular o viendo series; Se que tengo que salir a hacer ejercicio para sentirme mejor, pero prefiero quedarme en casa viendo la tele; etc.

El día de hoy, se nos presenta esta realidad, una realidad que todos vivimos y que el Señor Jesús nos invita a superar. ¡Sabemos que es lo que necesitamos, Sabemos que es lo que tenemos que hacer, Sabemos que es lo que tenemos que dejar, sabemos como debemos comportarnos! Ahora ¡manos a la obra!

Respondíamos en el Salmo: "Las obras del Señor son admirables" Tú, yo, somos obras del Señor, somos admirables. Vamos a atrevernos a sacar de nuestra mente y nuestro corazón esas maravillas que nuestro Dios ha puesto en nosotros.


Alberto, pbro.

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