viernes, 22 de marzo de 2019

Dios, ¿estás ahí?



Dios, ¿estás ahí?


III Cuaresma "C"

Ex. 3, 1-8. 13-15         Sal 102            Cor. 10, 1-6          Lc. 13, 1-9




HOMILÍA.


Contemplemos el mundo y hagámonos una pregunta: ¿Tenemos un Dios ciego, sordo y desocupado, o tenemos un Dios amoroso, providente, siempre al cuidado de sus hijos? Quizá está para pensarla muy bien antes de dar una respuesta, porque vemos estas dos actitudes de Dios en las lecturas del día de hoy.

Por un lado vemos un Dios que se manifiesta a Moisés, y le hace ver que está al pendiente de su pueblo, que escuchó su clamor y que va a rescatarlos de la esclavitud de Egipto. Se presenta como un Dios al que le interesa su gente y por el cual está dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que viva en paz. Pero por otro lado, vemos a un Jesús bastante despreocupado, le vienen a decir que Pilato había mandado matar a unos galileos, y él pareciera que se lo toma con mucha calma, y les dice con aire despreocupado que también otros han muerto. Puede que de coraje este tipo de respuesta como la que dio Jesús, y en medio de este dilema le cuestionamos fuertemente a Dios el  por qué no hace nada frente a las injusticias de este mundo, porque pareciera que tenemos un Dios que se aleja de sus criaturas.

Pero el mismo Señor nos hace ver cuál es nuestra responsabilidad como humanos en este mundo, nos hace ver que no somos títeres, que no somos juguetes de Él, que somos sus hijos y que como hijos somos nosotros los que forjamos nuestro destino. Él está ahí para guiarnos, pero no nos va a obligar a hacer el bien, eso tiene que nacer también de nosotros. Veamos el caso de Moisés: Dios se hace presente en la zarza pero es Moisés quien se decide a acercarse, solamente cuando Moisés está cerca es cuando le habla Dios, y le da la misión de ir a liberar al pueblo de la esclavitud de Egipto. Es decir, cuando nosotros nos acercamos a Dios es cuando Él nos capacita para llevar la salvación al mundo. Pero la cercanía con Dios, tiene que ser constante, aunque la eucaristía es fuente y culmen de la vida cristiana, no será suficiente si no nos lleva a tener una relación continua con Él a lo largo de la semana. 

A Moisés Dios lo saca de su realidad, de pastor, y lo lleva a una realidad que era nueva para Él, el Señor también busca sacarnos a nosotros de lo que estamos acostumbrados para llevarnos por caminos nuevos, con tal de que seamos artífices de un mundo nuevo de un mundo mejor.   

Por otro lado, ¿por qué Jesús se ve con aire tan despreocupado? porque nos hace darnos cuenta, que Dios está con nosotros, sí, pero que muchas de las situaciones que suceden en nuestro día a día, son consecuencia de las decisiones de los hombres, y que Dios aunque está a nuestro lado, no va a evitar toda calamidad, no porque no nos ame, sino porque quiere que aprendamos a amarnos a nosotros mismos. Cuando el ser humano ama al ser humano, entonces se da la transformación, una transformación que está en nuestras manos, porque Dios ya nos ha dado la capacidad de amar, de perdonar, de construir, de no dejarnos arrebatar por un mal momento. Nos hace ver que los males del mundo no son castigos de Dios sino que son consecuencia de lo que nosotros vamos decidiendo. Y lo importante es darnos cuenta que nuestras decisiones afectan a todos, porque a los malos les pasan cosas buenas y cosas malas, y a los buenos les pasa cosas buenas y cosas malas. Todos estamos conectados de alguna u otra manera. Tenemos que aprender a vernos como uno, aprender que mis acciones afectan a los que menos me imagino.

Por eso Dios, voltea a ver a la higuera que somos nosotros en busca de fruto, el fruto del amor. Porque nosotros somos los que vamos a hacer de esta sociedad lo mejor del mundo o lo peor, el Señor nos da una y mil oportunidades de generar buenos frutos, porque nos ama, si nos da todas estas oportunidades es porque sabe de lo que somos capaces para bien, Él cree en nosotros, es momento de que nosotros empecemos a creer también en nosotros mismos, en el hermano, en nuestra humanidad y en nuestra espiritualidad.

Sintamos nuestra la misma misión de Moisés, tengamos la certeza de que Yo-soy me envía, me envía a dar frutos de amor, de perdón, de amistad, de misericordia, tengamos la certeza de que Dios se nos manifiesta como se le manifestó a Moisés, y en esta eucaristía también nos dice "Esto le dirás al mundo: Yo-soy me envía a ustedes, para ser mensajero de amor".


Alberto, pbro.



Recuerda dejar tu comentario y compartir este Blog. 

0 comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por compartir con nosotros tus propias inspiraciones.